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"Análisis de relevancia para la actualidad."
- Sami Nader , director del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad Saint Joseph de Líbano, señaló a Al Jazeera que la tregua podría representar una oportunidad para redefinir las relaciones entre Israel y Líbano, aunque su éxito dependerá de varios factores clave.
Trump, sin embargo, aseguró que la tregua temporal incluye a Hezbolá (a pesar de no estar invitado a la mesa), a quien instó a respetar el acuerdo. "Espero que Hezbolá actúe de forma adecuada durante este sustancial periodo. Sería un gran momento para ellos si lo hacen", señaló en Truth Social. "No más muertes. Debe haber paz por fin", reiteró. "¡Ya basta!", afirmó en otra publicación.
Los primeros indicios de la excepcionalidad del acuerdo se reflejaron ya en la forma en la que el alto el fuego fue comunicado. Y todo a través de las redes sociales. En otro mensaje publicado en Truth Social, Trump aseguró haber invitado al primer ministro israelí y al presidente libanés a la Casa Blanca para celebrar las primeras conversaciones que conduzcan a una paz duradera. Este anuncio se proclamó precisamente después de la confirmación por parte de Israel del alto el fuego de diez días con Líbano —también anunciado por Trump—, tras más de un mes de bombardeos en diferentes zonas de el Líbano.
Mientras que Netanyahu se mostró dispuesto a acudir a Washington, Beirut ni siquiera respondió. Fue la Casa Blanca quien afirmó directamente que Aoun había aceptado la tregua, pero fuentes libanesas señalaron que el Gobierno había rechazado una supuesta llamada con 'Bibi' y evitó confirmar su participación en la mesa de negociaciones.
Además, el hecho de que Hezbolá no esté presente en la mesa también demuestra que no es una negociación en la que participen todas las partes. A pesar de que en un primer momento la milicia se habría mostrado dispuesta a participar en el alto el fuego (aunque no sin antes condenar el acercamiento del Gobierno libanés a Israel), este condicionó la tregua a que debía incluir "un cese total de los ataques" en todo el Líbano y "ninguna libertad de movimiento para las fuerzas israelíes".
Una demanda que ni siquiera se cumplió durante los primeros minutos del alto el fuego, ya que el ejército israelí lanzó una intensa campaña de bombardeos en varias zonas del sur del país, según informó el medio libanés L'Orient le jour. Una estrategia que Israel ha seguido en conflictos anteriores, como en Gaza, donde los bombardeos se han prolongado hasta prácticamente la entrada en vigor del alto el fuego.
Personas desplazadas regresan a sus hogares cruzando el puente que une el sur del Líbano con el resto del país. (Reuters/Louisa Gouliamaki)
En esta situación, es muy poco probable que Israel vaya a retirar sus tropas sobre el terreno o que realice algún tipo de concesión territorial. En este último mes, el Ejército israelí ha logrado avanzar en el sur del Líbano hasta alcanzar el municipio de Bint Jbeil, considerado un bastión histórico de Hezbolá y que Israel no pudo controlar en la guerra del año 2006.
Leyla Zamed, investigadora asociada al Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, asegura en conversaciones con El Confidencial, que el complejidad de fondo es que la tregua actual no aborda el núcleo del conflicto. "Es un alto el fuego negociado con el Gobierno libanés, pero no con el actor con el que Israel mantiene realmente las hostilidades", señala, en referencia a Hezbolá. Esta exclusión, sostiene, deja un margen evidente para que continúen los ataques.
Junto a esto, Tel Aviv no ha conseguido su misión de "desmantelar y desarmar a Hezbolá" y ya en los propios términos del acuerdo, de acuerdo con el Departamento de Estado, Israel establece que mantendrá su "derecho a adoptar todas las medidas necesarias en defensa propia", aunque sin llevar a cabo "operaciones militares ofensivas". Ese derecho, precisa el texto, podrá ejercerse "en cualquier momento" frente a ataques planificados, inminentes o en curso, y no quedará limitado por el cese de hostilidades, por lo que el propio Gobierno israelí valida la opción de que los ataques puedan reanudarse.
Israel ha reiterado que cualquier acuerdo duradero pasa por el desarme de Hezbolá. Sin embargo, aunque la guerra ha debilitado al grupo y ha diezmado parte de su cúpula, sigue siendo considerado la principal fuerza militar del país y mantiene un sustancial respaldo dentro de la comunidad chií libanesa, incluso con otras comuniddes que rechazan la violencia israelí.
Pero el Gobierno libanés también es uno de los principales damnificados por la presencia de Hezbolá. El pasado mes de diciembre, las autoridades aseguraron estar cerca de "completar su desarme" al sur del río Litani antes de que finalizara el año, en línea con el acuerdo de alto el fuego de 2024 que contemplaba la retirada israelí del sur del Líbano, pero que, lejos de cumplirse, ha seguido avanzando hasta este jueves.
Zamed asegura que el Gobierno libanés carece de "herramientas reales para limitar la actuación de Hezbolá", teniendo en cuenta la debilidad estructural del país, con un ejército con recursos muy limitados y sin ningún tipo de control sobre la milicia islamista. De hecho, durante la tarde del jueves, el Gobierno habría pedido apoyo militar de Estados Unidos para poder desmantelar al "partido de Dios", uniendo posturas con Israel.
¿Acercamiento entre el Gobierno e Israel?
Sami Nader, director del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad Saint Joseph de Líbano, señaló a Al Jazeera que la tregua podría representar una oportunidad para redefinir las relaciones entre Israel y Líbano, aunque su éxito dependerá de varios factores clave. "Por un lado, puede servir como base para un acuerdo más sostenible a largo plazo si ambas partes están dispuestas a implicarse de forma constructiva. Esta tregua debería ser distinta a la del 24 de noviembre de 2025, cuando ninguna de las partes la respetó", afirmó.
"Por otro, el Gobierno libanés afronta el reto del desarme de Hezbolá. Además, el apoyo externo —en particular el respaldo excepcional proporcionado por la Administración Trump— podría resultar decisivo para lograr ese objetivo", añadió.
"No debería sorprender una reanudación de las hostilidades"
No obstante, Israel sostiene que Hezbolá ha mantenido su presencia cerca de la frontera y ha reconstruido sus capacidades militares "más rápido de lo que el Ejército libanés puede desmantelarlas". Aunque el Gobierno ha expresado su voluntad de reforzar la soberanía estatal e incluso de avanzar hacia el desarme del brazo armado, su margen de maniobra es mucho más limitado.
"Imponer un desarme desde fuera y sin un consenso interno, como el que el Líbano lleva años arrastrando, puede provocar nuevas fracturas", alerta Zamed, en un país marcado por profundas divisiones tanto religiosas como étnicas y una larga historia de conflictos. En este sentido, la analista asegura que mientras no se aborden los objetivos de fondo, "no debería sorprender una reanudación de las hostilidades", especialmente si varían las prioridades estratégicas de Washington o se reactivan otros frentes.
Desde Tel Aviv, Michael Milstein, director del Foro de Estudios Palestinos del Centro Moshe Dayan para Estudios de Oriente Medio, sostiene a El Confidencial que Israel ha afrontado este episodio sin una estrategia propia clara y con una línea de Gobierno centrada en prolongar la guerra, pero en la práctica supeditada a las decisiones de Donald Trump, a quien atribuye haber marcado el cierre de los frentes en Irán, Gaza y el Líbano. En este contexto, añade, Benjamin Netanyahu se ha visto forzado —o ha sido incapaz— de articular una alternativa.
El resultado es este alto el fuego en el que, según Milstein, Israel no ha logrado sus objetivos estratégicos. A partir de en el contexto actual, advierte, se abren más incógnitas para el Gobierno de Netanyahu, como la posibilidad de que Israel continúe atacando a Hezbolá o el futuro de los territorios ocupados en el sur del Líbano, de los que no descarta una retirada, pero únicamente si se lo exigiera Washington.
En paralelo, otros analistas sitúan el acuerdo en un tablero más amplio. "Creo que este alto el fuego entre Israel y Líbano tiene que ver sobre todo con Irán y Estados Unidos. Los iraníes quieren una solución regional integral, algo que no puede ocurrir sin frenar a Israel. Trump parece dispuesto", apuntaba el analista independiente Ori Goldberg a Al Jazeera.
El propio Trump apuntaló esa lectura al afirmar, tras anunciar la tregua, que un acuerdo para poner fin al conflicto con Irán está "muy cerca" y que las conversaciones de paz podrían reanudarse en Islamabad incluso este mismo fin de semana. En la misma línea, el Ministerio de Exteriores iraní ha acogido positivamente el alto el fuego en el Líbano, enmarcándolo, según medios estatales, en un entendimiento más amplio con Washington para rebajar la tensión pero, con Trump al frente, la única certeza posible es que pocos conocen cuál es su próximo movimiento.
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