Apenas 90 minutos antes de que terminara el plazo marcado por Trump para llevar a Irán de nuevo a la Edad de Piedra, según las amenazas del presidente de
Estados Unidos, ambos países llegaron a un acuerdo de alto el fuego de dos semanas, condicionada, eso sí, a la apertura «apertura completa, inmediata y segura» del estrecho de Ormuz. Esta suspensión de los ataques, que tiene como base un plan de 10 puntos, cuando la población iraní ya se preparaba para lo peor, llegó gracias al papel clave de Pakistán. El Gobierno de Islamabad ha ejercido de mediador entre las dos potencias y se ha erigido como sede de negociaciones, que comenzarán este mismo viernes en la capital pakistaní. El primer ministro,
Shehbaz Sharif, ha sido el encargado de anunciar a través de sus redes sociales el acuerdo de alto el fuego, apenas unas horas después de pedir encarecidamente y por la misma vía a los dos países que cesaran los ataques y la apertura del Estrecho de Ormuz. «Esperamos sinceramente que las 'Conversaciones de Islamabad' tengan éxito en lograr una paz sostenible y deseamos compartir más buenas noticias en los próximos días», ha señalado Sharif en lo que supone para algunos expertos como una de las mayores victorias en materia diplomática de Pakistán. Pakistán, el único de la región que tiene buenas relaciones con ambosEl exembajador pakistaní en Irán,
Asif Durrani, presumía recientemente de que «Pakistán cuenta con una sólida reputación como el único país de la región que mantiene buenas relaciones con
Estados Unidos e Irán», una afirmación que resume el protagonismo que ha alcanzado en esta negociación. Pakistán comparte una frontera de 900 kilómetros al suroeste con Irán, además de profundos lazos históricos, culturales y religiosos, y es, después de su vecino, el país con la mayor población musulmana chií del mundo.