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El reto final del petrodólar

El autor es escritor. Reside en Estados Unidos

  • Por MARINO BAEZ
  • Fecha: 08/04/2026
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El declive del petrodólar se manifiesta hoy ante el poder mesiánico de figuras como Donald Trump y Benjamín Netanyahu, quienes parecen ignorar el colapso social inminente, mientras el oportunismo político sobrepasa cualquier intento de diálogo real en la guerra contra Irán y el mundo se desgasta entre conflictos bélicos y una crisis económica exorbitante que asfixia la estabilidad humana.

Resulta cuestionable que Estados Unidos influya constantemente en las políticas públicas de los demás países, y que sin malabarismo sea de su competencia directa intervenir en los asuntos ajenos de otros países socavando soberanías, mientras los precios del petróleo y los artículos de primera necesidad disparan una inflación que bordea el precipicio de la desesperación para la sociedad global.

Este tablero de ajedrez sangriento plantea la duda sobre quién está ganando realmente una guerra irracional y quién es el gran perdedor de un conflicto que se paga con cientos de miles de muertos, en consecuencia, el soporte incondicional hacia Israel no parece reportar beneficios tangibles al ciudadano estadounidense, y por ende, a la comunidad hispana promedio que reside en dicha urbe, la cual observa cómo su calidad de vida se desmorona cada vez que el presidente Donald Trump incide en apoyar las acciones terrorista de su homólogo Benjamín Netanyahu.

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Hoy día, se debate intensamente si Donald Trump debería enfrentar un juicio político por arrastrar a la nación a este laberinto de confrontación constante y si dicho conflicto bélico representa el final definitivo de la primera potencia mundial frente al ascenso de una China que se alza con el poder económico que antes pertenecía a Washington, a través de la diplomacia y el control de los mercados del petróleo.

Un cambio de liderazgo en la Casa Blanca, sin dudas, pone en el tablero la siguiente interrogante: ¿Se podrían reordenar las piezas de este rompecabezas político dislocado, o será que el sistema geopolítico se encuentra tan comprometido que las armas han dejado de ser una defensa para convertirse en la única y falsa tabla de salvación de una nación que se niega a reconocer su propia decadencia interna?

El sentimiento popular que en tiempos pasados funcionó como salvamento populista y bandera del sueño americano se ha transformado en una pesadilla para la comunidad latina que no logra superar la crisis de supervivencia económica, donde el costo de la vida y la exclusión han borrado cualquier rastro de la prosperidad prometida por el sistema tradicional estadounidense.

Estados Unidos parece tenerlo todo pero su ambición le exige un control absoluto manteniendo un embargo histórico contra Cuba con intenciones de manejar la isla mediante un torniquete político que asfixia al pueblo, mientras las cúpulas negocian tras bastidores su permanencia en un poder que carece de sustento moral y de respaldo ciudadano genuino.

Pero, la hipocresía se hace mucho más evidente en la política hacia Venezuela, donde tras el golpe al mandato de Nicolás Maduro se descubre a una cúpula del chavismo negociando el petróleo directamente con Donald Trump, a fin de asegurar su supervivencia en el cargo, demostrando que no hay peor ciego que aquel que no quiere ver y cómo los recursos de una comunidad hambrienta y ávida de una democracia participativa son entregados a un mecenas del oportunismo.

El cerco asfixiante sobre América Latina tiene un pronóstico de ruptura cercano que encaja mediante una alianza estratégica entre los países árabes y potencias como Rusia e Irán, junto a China, configurando un nuevo orden mundial que desplazará la hegemonía del dólar hacia la irrelevancia frente a la nueva arquitectura financiera que emerge globalmente.

El desplome definitivo del petrodólar como moneda de cambio universal y el surgimiento del Yuan o Petroyuan como el nuevo monarca de los carburantes, sin dudas, pondrá a reinar geográficamente a Pekín en las transacciones de energía obligando a Washington a enfrentar su propia quiebra financiera sin la capacidad de exportar sus crisis al resto del mundo, lo que podría liberarnos de los abusos y las apetencias del monstruo internacional llamado USA.

Se ha planteado en organismos internacionales que buscan salir de las imposiciones de EE. UU. de si este choque financiero podría convertirse en un evento repentino que desatará el caos civil dentro de los propios Estados Unidos o si la estructura social causará reacciones ante una clase política que ha priorizado el gasto militar sobre el bienestar doméstico dejando a la deriva a millones de personas que buscan estabilidad y dignidad para sobrevivir.

La irracionalidad de insistir en un modelo de intervención que ya no ofrece resultados positivos para la mayoría, excepto para los sectores que se benefician del conflicto, mientras el mundo gira hacia un multipolarismo donde la moneda china se convierte en el refugio seguro ante la volatilidad de una potencia que ha perdido el rumbo.

El retorno de un orden basado en el intercambio justo y la soberanía monetaria parece inevitable, en razón de que el intento de frenar el avance del Yuan, a través de las guerras y sanciones, solo acelera la caída estrepitosa de un imperio que olvidó que su verdadera fuerza reside en el bienestar de su gente y no en la opresión sistemática de los pueblos que hoy buscan libertad a cambios balas y misiles.

La posible desaparición del Petrodólar es una sentencia que quedará grabada en el tablero de la historia, de manera constante a la espera de que la sensatez retorne antes de que el colapso social sea definitivo. En medio de esta “guerra del oportunismo”, el petrodólar queda posicionado en el epitafio de una era de soberbia, donde el oportunismo de Estados Unidos, bajo los intereses de Donald Trum, es secuestrado el destino de la humanidad a través del peso muerto de una guerra que solo anuncia el nacimiento de un nuevo orden mundial.

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