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"Análisis de relevancia para la actualidad."
- Analista Político y escritor 10/4/26 Santo Domingo R.
La escalada de los conflictos y las guerras en el mundo, como fruto de la incapacidad y falta de voluntad política, de una comunidad internacional cada vez más alejada del compromiso con el respeto al derecho internacional y una real convivencia pacifica de las naciones, está llevando a la humanidad a una grave situación de inseguridad alimentaria, que está profundizando la pobreza en el mundo.
Esta alarmante situación está afectando a millones de personas que ven como aumenta el hambre en el planeta, mientras se vive en un mundo con avances tecnológicos sin precedentes, con capacidad para producir alimentos para toda la población del globo, lo que es una manifestación de profundas desigualdades estructurales en el sistema internacional, lo que golpea con mayor fuerza a los países mas vulnerables.
Esta situación de conflictos, guerras y agresiones permanentes, de naciones que solo persiguen apoderarse de los recursos naturales de otros países, han llevado a los máximos responsables del Fondo Monetario Internacional (FMI), el grupo del Banco Mundial (BM) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), a alertar de que la guerra contra Irán va a conducir,” inevitablemente a un encarecimiento de los comestibles y a una mayor inseguridad alimentaria global”.
En un comunicado conjunto hecho público el pasado 8 de abril, la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva; el presidente del BM, Ajay Banga, y la directora ejecutiva del PMA, Cindy McCain, subrayaron que el conflicto ya provocó una de las mayores perturbaciones en los mercados energéticos mundiales de la historia moderna, según divulgó el portal financiero Investing.com.
Los fuertes aumentos en los precios del petróleo, el gas y los fertilizantes, sumados a los cuellos de botella en el transporte, conducirán inevitablemente a un alza en los precios de los alimentos y a la inseguridad alimentaria, aseguró el texto, en referencia al cierre parcial del estrecho de Ormuz, por donde transita parte sustancial de los hidrocarburos del mundo.
Existe desde tiempos inmemoriales una estrecha relación entre guerras, conflictos y crisis alimentarias, lo que ha pasado en esta época a tener conexiones globales, donde un complejidad generado en una región puede generar inseguridad alimentaria a miles de kilómetros de distancia y es que la guerra no solo destruye vidas y territorios, sino sistemas productivos, lo que la convierte en motor de hambre en el mundo.
Los riesgos de una gran crisis alimentaria para la humanidad vienen directamente de la codicia y el afán desmedido de hacer riqueza sin control alguno de un capitalismo salvaje, que ha generado profundas distorsiones y ha desplazado valores fundamentales, como la equidad, la dignidad humana y el bienestar colectivo, de una humanidad digna de mejor suerte.
La creciente concentración de riqueza en una pequeña élite, lo que está generando es que millones de personas carezcan de acceso a necesidades básicas, aumento de pobreza y desigualdad para la mayoría de la población mundial y una gran brecha económica, social y política, en la que el mercado debilita y finalmente sustituye al estado reduciendo su capacidad, como garante de los derechos básicos.
De ese insaciable capitalismo salvaje se desprenden todas las guerras y conflictos actuales del mundo y es lo que está llevando a la humanidad a una creciente y critica inseguridad alimentaria, desplazamientos masivos, crisis humanitarias prolongadas y desaceleración económica, lo que está profundizando la vulnerabilidad de millones de seres humanos.
Es esta grave situacion la que nos tiene que poner a pensar que mundo estamos construyendo, si el de que la abundancia sea para unos pocos y una herida abierta para la humanidad y que los alimentos dependan de la geopolítica y las guerras, sino por el contrario la necesidad urgente de otro mas equilibrado, con justicia, paz, equidad, inclusión y dignidad humana.
En esta grave amenaza contra la seguridad alimentaria global, el papel del estado es fundamental, orientado al bien común actuando como garante de derechos y regulador del mercado, un estado fuerte y transparente puede corregir desigualdades y promover políticas públicas que aseguren condiciones de vida dignas, transformación institucional y conciencia social.
Basta ya a las naciones que pretenden mediante la aplicación de un capitalismo salvaje, criminal e inhumano, que profundiza la vulnerabilidad de millones de personas, someter a la humanidad a graves situaciones de inseguridad alimentaria, lo que es un atentado fruto de decisiones, omisiones y estructuras que vulneran de manera grosera el derecho fundamental a la alimentación, que como de manera constante recae sobre las poblaciones mas vulnerables del mundo.
Por: Luis Fernández. Analista Político y escritor
10/4/26
Santo Domingo R. D.



