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- En la madrugada del martes 8 de abril de 2025, alrededor de las 12:45 a.
En la madrugada del martes 8 de abril de 2025, alrededor de las 12:45 a. m., el emblemático club nocturno Jet Set sufrió el colapso total de su techo. Esta tragedia dejó como resultado una devastadora cifra de 236 muertos y cientos de heridos. Lo que antiguamente era celebración y vida, se convirtió en cementerio y muerte para todos los que estuvieron esa noche.
Este hecho ha sido uno de los acontecimientos más lamentables que ha vivido la República Dominicana en el último siglo, o incluso desde su independencia. Jet Set era un lugar que en ningún escenario pasaba de moda: acudían adultos, jóvenes, adolescentes y personas de todas las edades. Era un espacio donde convergían todas las clases sociales, convirtiéndose en un ícono de la capital y del país.
Personalidades de relevancia mundial, como el papa Francisco y el presidente de Rusia, Vladimir Putin, expresaron sus condolencias al pueblo dominicano por esta dolorosa pérdida, que trascendió fronteras por la magnitud de la tragedia.
Debemos destacar que este hecho no solo afectó a los dominicanos, aunque la mayoría de las víctimas eran de esta nacionalidad, sino también a personas de otros países que se encontraban en el lugar, como estadounidenses, venezolanos y colombianos, entre otros. Este tipo de siniestro enluta a toda la humanidad, no a un solo país, ya que eventos de esta magnitud rara vez ocurren.
Esa noche perdieron la vida artistas, empresarios, políticos, peloteros, empleados del sector público y privado, así como trabajadores de la discoteca. En fin, personas de todos los estratos sociales. No hubo distinción: la gran mayoría de quienes asistieron a disfrutar de la presentación del artista dominicano Rubby Pérez fallecieron.
Esa mañana me levanté a las 6:00 a. m., ya tenía cientos de mensajes en WhatsApp y múltiples informaciones sobre la tragedia. Aún no se conocían datos verídicos ni la magnitud real del hecho, por lo que la especulación y las noticias falsas inundaron las redes sociales. Todo era confuso.
Recibí llamadas y mensajes de amigos y familiares cercanos preguntando si me encontraba bien o si había asistido al lugar esa noche. Gracias a Dios, llevaba meses sin ir al Jet Set.
Me preparé para ir a mi trabajo y salí de mi casa alrededor de las 7:00 a. m. En ese momento recibí una llamada en la que me dijeron: “Paul, El Centinela estaba en Jet Set anoche”. Mi corazón se aceleró de inmediato. Intenté comunicarme con él sin éxito: lo llamé, le escribí y los mensajes no llegaban. Decidí llamar a su hermano gemelo, José Luis. Recuerdo que, entre lágrimas, me manifestó: “Paul, estoy en su casa y el carro no está aquí”.
Ante esa realidad, decidí dirigirme hacia el Jet Set o Patología Forense. En el camino, otros familiares confirmaron que el vehículo de Luis José estaba estacionado en la discoteca, insinuando que él estuvo en el lugar de los hechos. Al escuchar la radio y ver las noticias, las probabilidades de encontrarlo con vida eran mínimas. Por eso opté por ir a Patología Forense para iniciar el proceso de identificación de cuerpo.
Llegué antes de las 9:00 a. m. y el lugar ya estaba abarrotado de personas que buscaban a sus familiares. Cada 20 minutos llegaban ambulancias con decenas de cuerpos. Aquello se tornaba cada vez más desgarrador e indescriptible.
Al mediodía, la institución estaba militarizada, con cientos de personas llorando, reclamando y esperando noticias. El colapso del sistema era evidente.
Tras largas horas de espera y esfuerzo, alrededor de las 9:00 p. m. fue entregado el cuerpo de mi amigo Luis José Galán, “El Centinela de la Verdad”, a sus familiares, para ser preparado por la funeraria y velado al día siguiente.
Este viacrucis que me tocó vivir lo atravesaron también las 236 familias que perdieron a un ser querido. En nuestro caso, tuvimos la “fortuna” de recibir el cuerpo el mismo día; sin embargo, hubo familias que esperaron dos, tres y hasta cuatro días, para poder darle el último adiós a su cuerpo.
Es justo reconocer la labor de médicos, enfermeros y patólogos forenses, quienes, en medio de esta crisis, trabajaron sin descanso hasta entregar el último cuerpo. Recibir 236 víctimas en tan poco tiempo, sin las condiciones adecuadas, fue una tarea titánica.
Debido al luto colectivo, especialistas en salud mental recomendaron evitar el uso de redes sociales durante varios días, ya que el contenido constante sobre la tragedia intensificaba el impacto emocional.
El presidente de la República decretó inicialmente tres días de duelo nacional, que luego fueron extendidos por tres días más, algo sin precedentes en el país. Asimismo, suspendió su agenda para acompañar a las familias afectadas.
Hoy, los propietarios del establecimiento, los hermanos Espaillat, enfrentan un proceso judicial acusados de homicidio involuntario, así como múltiples querellas y demandas civiles. Desde mi perspectiva, como acto de justicia, deberían asumir su responsabilidad, admitir los hechos y cumplir la condena correspondiente en un centro correccional, incluyendo la pena de dos años de prisión que establece la ley, sin solicitar libertad condicional. Esto podría representar un mínimo alivio ante la profunda sed de justicia que embarga a la sociedad.
Su responsabilidad penal y civil resulta, están más que evidentes y contundentes. Si bien están en pleno ejercicio de ejercer su derecho a la defensa, esta postura ha generado una mayor indignación en amplios sectores de la población. Ante la existencia de pruebas, víctimas y testimonios que apuntan a su responsabilidad, una estrategia de defensa orientada seria el reconocimiento de los hechos, admitir los hechos que se le imputan y acogerse sin distinción a la pena máxima a imponer, pudiendo esto contribuir no solo al proceso judicial, sino también a la percepción de justicia por parte de la ciudadanía.
Por eso, un año después, no solo recordamos. Exigimos que caiga todo el peso de la ley frente a los responsables.
Aun nos hacemos preguntas sin encontrar respuestas. Solo Dios, en su infinita sabiduría, conoce el porqué de todo. Pero es inevitable preguntarse: ¿qué habría pasado si el colapso ocurría una hora después, cuando el lugar estuviera vacío? ¿O en otro momento del día?
Que descanse en paz mi gran amigo Luis José Galán, “El Centinela de la Verdad”, y todas las víctimas del Jet Set. Que para ellos brille la luz eterna.
Por Paul Maldonado



