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"Influye en la gobernabilidad y el marco regulatorio."
- Y, precisamente, un elemento que no se destacó con la precisión que hoy se destaca es el elemento o factor determinante de “la verticalidad en todo el quehacer y decisiones del Estado”.
Un tema espinoso que no pretende poner sobre el tapete principalías, y tampoco servir de canal para las apetencias personales o que puedan pensar que defendemos posiciones a favor o en contra de alguien en particular.
Pero tampoco podemos dejar de reconocer que, a pesar de la salvedad posterior, al hablarse de traiciones, precisamente cuando tres casos importantes se ventilan en los tribunales, deja mucha tela por donde cortar, y es que, precisamente, lo que surgió como algo particular es perfectamente generalizable.
Somos amigos, pero no cómplices fue la expresión del presidente cuando creció y se magnificó el caso de SENASA y los señalamientos o imputaciones a Santiago Hazim. Pero, previo a esto, ya se había comenzado a ventilar el caso del INTRANT y de las imputaciones a Hugo Veras y Compartes; ya se había iniciado el proceso que involucraba al propio exministro Macarrulla.
Y, precisamente, un elemento que no se destacó con la precisión que hoy se destaca es el elemento o factor determinante de “la verticalidad en todo el quehacer y decisiones del Estado”.
De hecho, este criterio de la verticalidad es tan “serio” y tan aceptado por todos “que nadie se atreve a decirle a un funcionario que no va a acatar una orden o instrucción, muchas veces sin comprender de qué se trata o los objetivos que se persiguen”.
Imagínese usted si metemos las narices en el “ordene y mande, señor”, o la justificación de múltiples cómplices de la corruptela y despropósito: “son órdenes superiores”.
La ética situacional se mueve entonces en función de los caprichos del ministro o director, y la cultura de aceptarlo todo por lo que ordenó un BANDIDO SEMIDIÓS en nuestro PARTIDO MAFIA.
¡Ah, pero usted no está obligado a aceptar o hacer algo que sabe es un delito! Y, en este entorno de la mafia estatal, toda dominada por una cultura compartida por toda la partidocracia beneficiaria, ¿quién se atreve a hacer otra circunstancia que no sea complacer al DELINCUENTE PODEROSO de la PARTIDOMAFIA en el PODER?
Pero, fuera de esta cultura, recordemos aquel enunciado que ya hemos comentado varias veces, algo muy típico en los gobiernos del jacho prendío: ¡somos gobierno, a lo que vinimos!
La ingenuidad muchas veces nos hace cometer errores que luego nos pasan factura. Le voy a poner este ejemplo real de lo que ocurrió a un amigo que, en una ocasión, formó parte de algún departamento en la Contraloría General de la República. Me cuenta el amigo que le asignaron el trabajo de revisar los contratos que llegaban al sistema y, de inmediato, comenzó a leerlos vía digital y a realizar el visto bueno.
Pero la persona que lo estaba entrenando notó que la persona estaba leyendo detenidamente cada contrato y de forma completa, como debe ser, y esta persona le reinstruyó indicándole: “solo tienes que ver tres cosas: a) el nombre de las partes y su firma, b) el monto del contrato en letras y números, ver si coinciden, y c) que esté firmado por las partes. ¡Y listo!, ya ese contrato se le puede dar de alta”.
Claro, el amigo, muy profesional por cierto, no aceptó no hacer el trabajo sin ética y terminó siendo despedido de la Contraloría. “La verticalidad se impuso”. Y eso le pasa a quienes no aceptan las instrucciones, aunque sean un delito en tierra de machepa y de la partidomafia.
Pero no solo está la verticalidad, que implica que todo debe ser aprobado al más alto nivel institucional. ¿Quién se atreve a aprobar una compra en una entidad sin la aprobación del ministro, director, administrador? ¿Pero cuál funcionario se atreve a tomar decisiones multimillonarias sin la aprobación del primer mandatario de la nación? La verticalidad está clara, supongo.
en el contexto actual, vámonos a las UAI de auditoría, que son las unidades que asigna la Contraloría General de la República a las instituciones que aplican, ¿para qué?, para que realicen el CONTROL PREVIO.
No es la revisión de lo que se hizo, no, es la REVISIÓN PREVIA DE TODO LO QUE SE VA A HACER, en cumplimiento con leyes y regulaciones y en el sentido de flujo de dinero. Es decir, los ciclos fundamentales de INGRESOS Y DESEMBOLSOS.
Todos esos expedientes, sobre todo, EL USO DE RECURSOS, DEBEN SER PREVIAMENTE REVISADOS Y APROBADOS POR LAS UAI. Las unidades de control previo de la Contraloría General de la República, adscritas a la entidad.
Pero volvamos a la verticalidad, y ¿qué encargado de una UAI le dice al funcionario que no se va a realizar algo que ya fue ordenado desde el más alto nivel?: APRUEBE ESO, SON ÓRDENES SUPERIORES. O algo más simple: ¡Ay, eso no lo vi!
Al final, ¿qué queda de todo esto? Fácil: a) testaferros, b) chivos expiatorios preacordados, c) traiciones a los acuerdos de aposento, d) demostrar que se persigue la corrupción con los mismos compañeritos.
Es como con el cuento de las drogas, el crimen organizado y la criminalidad indetenible. Hay que atrapar a alguien, tenemos que demostrar que combatimos el flagelo.
Pero luego replica Pareto, pero un Pareto inverso que te demuestra que, a una supuesta mayor efectividad en el combate, múltiples más alijos pasan y llegan a su destino, más criminalidad y más corrupción administrativa y más lavado; ahí se cierra el negocito.
Pero, hablando de las traiciones, también quedan en tela de juicio las supuestas investigaciones periodísticas, pues muchas veces parecen más que una auditoría forense, filtraciones de caballos de Troya ya instalados dentro de la institución, que, por alguna razón, tienen un doble propósito: a) hacerle daño a un funcionario y b) denunciar una verdad. Y nadie sabe si con un sabor dulce al servicio de extorsión flamantemente cobrado.
Así que la tarea sigue siendo de usted, de sus paradigmas e imaginación. ¿Qué piensa de todo esto?
Por Julián Padilla



