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"Afecta el poder adquisitivo y la estabilidad financiera."
- Entre ellos, la paralización parcial de refinerías, la escasez de combustibles clave como el diésel y el de aviación, y un aumento de los costos logísticos que repercute en el comercio y el turismo.
El encarecimiento de la energía ha sido inmediato. El barril de Brent, que rondaba los 72 dólares antes de las hostilidades, llegó a escalar hasta los 120 dólares. Aunque los precios han retrocedido desde ese pico, continúan por encima de los niveles previos al conflicto, afectando especialmente a los países más dependientes de las importaciones energéticas.
Georgieva alertó de que este tipo de perturbación no impacta de manera uniforme. Su efecto depende de factores como la cercanía geográfica al conflicto, la condición de exportador o importador de energía y la capacidad de respuesta de las políticas económicas de cada país. En ese contexto, economías más vulnerables —como pequeños Estados insulares o naciones con limitados márgenes fiscales— enfrentan mayores dificultades para absorber el golpe.
Las disrupciones en el suministro ya están generando efectos en cadena. Entre ellos, la paralización parcial de refinerías, la escasez de combustibles clave como el diésel y el de aviación, y un aumento de los costos logísticos que repercute en el comercio y el turismo. A esto se suma un deterioro de la seguridad alimentaria: unos 45 millones de personas adicionales podrían verse afectadas por el encarecimiento del transporte y de insumos como los fertilizantes.
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La industria también acusa el impacto. La escasez de materias primas esenciales —desde azufre hasta helio o derivados del petróleo como la nafta— amenaza con ralentizar la producción en sectores estratégicos, incluidos los tecnológicos y sanitarios.
De cara al futuro, el FMI identifica tres canales principales de transmisión de este shock. El primero es el efecto directo sobre los precios y la disponibilidad de bienes, que alimenta la inflación y reduce la demanda. El segundo son las expectativas inflacionarias: si los agentes económicos anticipan aumentos sostenidos de precios, podría desencadenarse una espiral difícil de contener. No obstante, Georgieva destacó como elemento positivo que las expectativas de inflación a largo plazo permanecen, por en el contexto actual, relativamente estables.
En este escenario, la responsable del FMI llamó a los gobiernos y bancos centrales a actuar con prudencia y coordinación, con el objetivo de mitigar el impacto sobre las poblaciones más vulnerables y preservar la estabilidad económica global.
Datos: Fondo Monetario Internacional
La pausa en el conflicto en Oriente Medio no ha disipado sus efectos sobre la economía global. Así lo advirtió la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, quien instó a los responsables económicos a prepararse para un escenario todavía incierto, marcado por tensiones en los mercados energéticos, inflación persistente y riesgos para el crecimiento.
En un discurso previo a las Reuniones de Primavera del organismo, Georgieva subrayó que la guerra ha representado “un shock de oferta de gran magnitud”, con consecuencias que trascienden la región. La interrupción en los flujos energéticos —con caídas del 13 % en el suministro de petróleo y del 20 % en el gas natural licuado— ha elevado los precios a nivel global y generado presiones en las cadenas de suministro.
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El encarecimiento de la energía ha sido inmediato. El barril de Brent, que rondaba los 72 dólares antes de las hostilidades, llegó a escalar hasta los 120 dólares. Aunque los precios han retrocedido desde ese pico, continúan por encima de los niveles previos al conflicto, afectando especialmente a los países más dependientes de las importaciones energéticas.
Georgieva alertó de que este tipo de perturbación no impacta de manera uniforme. Su efecto depende de factores como la cercanía geográfica al conflicto, la condición de exportador o importador de energía y la capacidad de respuesta de las políticas económicas de cada país. En ese contexto, economías más vulnerables —como pequeños Estados insulares o naciones con limitados márgenes fiscales— enfrentan mayores dificultades para absorber el golpe.
Las disrupciones en el suministro ya están generando efectos en cadena. Entre ellos, la paralización parcial de refinerías, la escasez de combustibles clave como el diésel y el de aviación, y un aumento de los costos logísticos que repercute en el comercio y el turismo. A esto se suma un deterioro de la seguridad alimentaria: unos 45 millones de personas adicionales podrían verse afectadas por el encarecimiento del transporte y de insumos como los fertilizantes.
La industria también acusa el impacto. La escasez de materias primas esenciales —desde azufre hasta helio o derivados del petróleo como la nafta— amenaza con ralentizar la producción en sectores estratégicos, incluidos los tecnológicos y sanitarios.
De cara al futuro, el FMI identifica tres canales principales de transmisión de este shock. El primero es el efecto directo sobre los precios y la disponibilidad de bienes, que alimenta la inflación y reduce la demanda. El segundo son las expectativas inflacionarias: si los agentes económicos anticipan aumentos sostenidos de precios, podría desencadenarse una espiral difícil de contener. No obstante, Georgieva destacó como elemento positivo que las expectativas de inflación a largo plazo permanecen, por en el contexto actual, relativamente estables.
En este escenario, la responsable del FMI llamó a los gobiernos y bancos centrales a actuar con prudencia y coordinación, con el objetivo de mitigar el impacto sobre las poblaciones más vulnerables y preservar la estabilidad económica global.
Datos: Fondo Monetario Internacional
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