La Historia, con mayúscula, atrapará con certeza a cualquier desprevenido que se aventure hasta la plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, en pleno corazón de Ciudad de México. En este mismo sitio se explayó uno de los núcleos comerciales más grandes y organizados del mundo indígena. Hoy, reconstruir su ambiente trepidante requiere un ejercicio de imaginación. Basta andar unos pasos y asomarse al foso vecino en el que una sucesión de estructuras misteriosas aún resisten: allí se ven, quizás, los templos ceremoniales, allá los altares y palacios mexicas que se presume dominaron este paisaje. Hoy solo queda el silencio. Y los muros de tezontle, esa piedra volcánica, rojiza o negruzca, característica de la época prehispánica.
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