
Ha sido un día amargo para Donald Trump . Ha llegado a la sala de prensa de la Casa Blanca rodeado de su equipo de asesores comerciales y flanqueado por su secretario de Comercio, Howard Lutnick, horas después de que el Tribunal Supremo anulara los aranceles globales impuestos bajo la ley de emergencia de 1977. El mensaje fue claro: frustración por el fallo y respuesta inmediata con más tasas, un 10% global aplicado por otra vía legal.Ha repudiado la decisión y ha lamentado lo que considera una deslealtad institucional , al tiempo que ha recordado que durante su primer mandato nombró a tres de los nueve jueces del Alto Tribunal. Ha subrayado, no obstante, que los jueces Clarence Thomas y Samuel Alito han votado a su favor. «Son grandes jueces», ha dicho, y ha elogiado su «gran amor por el país» y su «gran comprensión de la ley».Trump ha defendido que el Supremo no ha invalidado la política arancelaria en su conjunto, sino únicamente «un uso particular» de una norma concreta. «El Tribunal dice que no puedo cobrar ni un dólar. No puedo cobrar un dólar, ni un centavo», ha afirmado. A su juicio, la sentencia no debilita la autoridad presidencial, sino que la aclara. «La decisión de hoy hace que la capacidad del presidente para regular el comercio sea más poderosa y más clara , no menos», ha sostenido. Ha insistido en que queda plenamente confirmada la capacidad del Ejecutivo para bloquear, embargar, restringir, conceder licencias o imponer condiciones al comercio con países extranjeros.Noticia relacionada general No No El presidente de EE.UU. dice que considera un «ataque limitado» a Irán para forzar el acuerdo Javier AnsorenaHa cargado, además, contra los demócratas, a quienes ha acusado de querer «ampliar el Tribunal» hasta 21 jueces para alterar su equilibrio ideológico. Ha dicho que ahora los aranceles han permitido el ingreso de cientos de miles de millones de dólares de otros países. En el plano práctico, ha explicado que se mantienen en vigor los aranceles por razones de seguridad nacional bajo la Sección 232 —incluidos los gravámenes al acero y al aluminio— y las medidas adoptadas bajo la Sección 301 frente a prácticas comerciales desleales, especialmente en el caso de China. Lo que cae es el paquete global y los llamados aranceles «recíprocos» dictados bajo la ley de emergencia de 1977.Como respuesta, ha decretado un arancel global del 10% al amparo de la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, que permite aplicar de forma temporal —hasta 150 días— medidas correctivas ante desequilibrios graves en la balanza de pagos. Ese porcentaje se suma a los gravámenes ya existentes y entra en vigor de inmediato.Durante su intervención ha defendido que su estrategia está atrayendo inversión industrial a Estados Unidos, para lo que ha citado plantas de acero, automóviles y semiconductores en distintos estados, y ha sostenido que empresas extranjeras están trasladando producción al país para evitar aranceles.


