Róterdam es una ciudad para mirar hacia arriba. Absténganse aquellos con cervicales delicadas, porque la segunda urbe más poblada de los Países Bajos ―con casi 600.000 habitantes, por detrás de Ámsterdam― es un recital arquitectónico de diferentes estilos y, sobre todo, de enormes dimensiones. La veintena de edificios que superan los 100 metros de altura así lo acreditan. Sus construcciones también revelan una predilección por la arquitectura, el urbanismo y un afán por seguir creciendo. Solo así se explica la necesidad de construir dos grandes pasos de un kilómetro de longitud que unen el distrito centro y el sur, salvando el río Nuevo Mosa.
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Conectando norte y sur
No son edificios, pero sí importantes obras de ingeniería que permitieron conectar las partes norte y sur de Róterdam. La primera conexión fue mediante el túnel Maas, construido entre 1937 y 1942, también declarado monumento nacional. Renovado íntegramente en 2017, decenas de miles de personas cruzan diariamente ―con accesos separados para vehículos, peatones y bicicletas― este conducto subterráneo que transcurre durante un kilómetro por debajo del río Nuevo Mosa. Ya en la década de los noventa del siglo pasado, la ciudad incorporó otra gran pasarela, esta vez por encima del raudal. Los 802 metros de longitud del puente Erasmusbrug, apodado cariñosamente por los locales como "el cisne" por su forma, conecta las dos orillas de la urbe desde 1996.
