En los últimos años, han cambiado muchas cosas en nuestra forma de consumir. En un entorno acelerado como el de hoy, cada vez es más habitual buscar (y encontrar) productos y servicios diseñados para cumplir con lo justo, a partir de procesos simplificados y menos atención al detalle. Una tendencia que ya se conoce como cutrificación. No hace falta mirar muy lejos para detectarla: móviles que ya no incluyen cargador ni auriculares, aerolíneas que cobran por llevar equipaje de mano... Todo se estandariza, todo parece responder a la misma lógica: hacer y ofrecer lo justo. Son cambios pequeños, pero repetidos, que terminan dejando una impresión clara: la calidad y el detalle se diluyen poco a poco.
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