Por José Carlos Cueto, corresponsal de BBC Mundo en Colombia
Desde que Donald Trump regresó a la Casa Blanca en enero de 2025, gran parte de mi tiempo como corresponsal se ha dedicado a cubrir la turbulenta relación con el presidente colombiano, Gustavo Petro.
En poco más de un año han chocado públicamente en políticas de migración, lucha contra las drogas y la situación en Venezuela.
Producto de sus rencillas, ambos países casi se abocan a una guerra comercial, Washington retiró la certificación de la lucha antidrogas a Colombia por primera vez en tres décadas y Trump sancionó a Petro tras acusarlo de presuntos vínculos con el narcotráfico.
La cuerda pareció casi romperse cuando, después de que Nicolás Maduro fuera capturado durante una operación militar en Caracas a comienzos de enero, Trump dijera que una acción similar en Colombia le “sonaba bien”.
Petro respondió insinuando estar dispuesto a retomar las armas, aludiendo a su pasado como guerrillero, y convocó a concurridas marchas por la soberanía de Colombia.
Fue justo durante la marcha en Bogotá que anunció que había conversado con Trump y que se reunirían en la Casa Blanca.
Fue el primer paso hacia una posible distensión tras meses de enfrentamientos.


