
—Después de disparar y asesinar a esa persona, ¿qué sentiste?—¿Hace falta sentir algo?Había que organizar la ceremonia de adhesión de un nuevo miembro, así que Chen Dawei ordenó a sus secuaces que eligieran a alguien entre los miles de individuos que la mafia Wei mantenía secuestrados. El desgraciado resultó ser un joven de nombre Ma Moude, a quien maniataron e hicieron arrodillar frente al cañón del revólver.—¿Acaso no era un ser humano? ¿Un ser humano viviente? —insiste el policía.—No sentí nada —zanja, sin más gesto que una ligera sacudida de cabeza.Chen, pelo rapado, rostro granujiento, bigotillo de adolescente, ataviado con un chaleco azul que deja asomar tatuajes sobre brazo y pecho, ya no está en la jungla birmana sino en el interior de una celda acolchada. Contesta a las preguntas de los agentes chinos encajado en una 'silla del tigre' manchada de un líquido rojo de aspecto similar a la sangre, pero su confesión no parece fruto de los golpes sino de la indolencia. Solo por un instante su resignación adopta la altivez supuesta al heredero de una organización criminal.Noticia relacionada No No Poderosa banda criminal China ejecuta a 11 miembros de la familia Ming, ligada a ciberestafas en Birmania ABC—Pues que la ley china me castigue.La ley china en efecto le castigará –si no lo ha hecho ya– con la más alta pena, tal y como viene castigando a sus comparsas, aquellos cuatro clanes que hicieron del mal práctica hogareña. La penitencia ya ha comenzado: hace tres semanas, China ejecutó a once miembros de la familia Ming. En septiembre, una corte provincial les declaró culpables de homicidio, detención ilegal, fraude y explotación de locales de juego, todas ellas actividades esenciales de los centros de estafa que regentaban al otro lado de la frontera con Myanmar, la antigua Birmania, donde obtuvieron más de 10.000 millones de yuanes (1.221 millones de euros) y acabaron con la vida de al menos catorce ciudadanos chinos. En noviembre, el Tribunal Supremo rechazó su apelación, «pues los acusados cometieron delitos de extrema gravedad, con circunstancias y consecuencias particularmente atroces», según medios oficiales. En enero, «el Tribunal Popular Intermedio de Wenzhou llevó a cabo las ejecuciones de conformidad con la ley».Complejos del horrorLa existencia de estas redes criminales en la zona de Laukkaing se remonta a 2009, cuando las fuerzas armadas derrotaron al caudillo local, Peng Jiasheng, y a su milicia, el Ejército de la Alianza Democrática Nacional de Myanmar (MNDAA, por sus siglas en inglés). Dirigió la operación Min Aung Hlaing, cuyo éxito cimentaría una reputación que le llevaría a comandar las tropas estatales primero, después todo el país tras el golpe de Estado de 2021.La región fronteriza quedó bajo control de Bai Suocheng, mano derecha del caído, a quien había traicionado. Este, a su vez, facilitó la entrada de otros tres clanes: los Ming, los Wei y los Liu. Juntos transformaron el erial en un emporio del crimen, con un centenar de complejos dedicados al juego y la prostitución.Las familias se repartieron las tareas. Los Bai controlaban las conexiones políticas con la Junta Militar, los Wei las bandas armadas y los Liu las finanzas e infraestructuras esenciales. Los Ming, por su parte, poseían el más infame de los establecimientos: la Villa del Tigre Agazapado.Allí, a apenas veinte kilómetros de la frontera china, los casinos y los burdeles pronto dieron paso a un nuevo modelo de negocio: los fraudes 'online'. Estos eran ejecutados por personas secuestradas por las mafias, quienes eran captados con falsas ofertas de empleo y obligados a realizar todo tipo de estafas a través de internet.Esta industria ilícita está valorada, según datos de Naciones Unidas, en más de 50.000 millones de dólares (42.000 millones de euros) y sus redes trafican con cientos de miles de personas. La mayoría de sus responsables son chinos, como lo son también sus víctimas, a quienes extraen ingentes cantidades de dinero.La Villa del Tigre Agazapado llegó a albergar 10.000 rehenes , obligados a trabajar bajo un régimen de torturas. «En una habitación a oscuras, siete u ocho personas me dieron una paliza con tubos de PVC y porras. Me arrancaron las uñas con alicates. Luego me cortaron dos dedos con un cuchillo de cocina», narraba uno de los supervivientes en declaraciones a la televisión estatal CCTV.Ofensiva regionalLos clanes mafiosos, entretanto, vivían entre banquetes, helicópteros, coches de lujo y demás privilegios. Hasta que China, frustrada con la inacción cómplice de la Junta Militar ante un problema cada vez más público, facilitó la ofensiva del MNDAA y con ella la venganza del fallecido Peng Jiasheng a manos de su hijo, Peng Daxun.El jerarca de los Ming se quitó la vida durante la detención en Myanmar, pero su hijo y su nieta fueron extraditados a ChinaEsta milicia se unió a otras tres guerrillas rebeldes para formar la Alianza de las Tres Hermandades y juntas tomaron el noroeste del país, Laukkaing. El jerarca de los Ming, Ming Xuechang, se quitó la vida durante la detención, pero su hijo, Ming Guoping, y su nieta, Ming Zhenzhen, fueron extraditados a China. De nada sirvió una confesión leída con tono desganado: su suerte estaba echada. La Junta Militar, preocupada por la posible pérdida de su principal apoyo internacional y las consecuencias que ello tendría para la guerra civil, recapacitó. «La mayoría de los analistas sitúan el inicio de la cooperación de la Junta a partir de la toma de Laukkaing», explica Selina Ho, vicedecana de la Lee Kuan Yew School of Public Policy en la Universidad Nacional de Singapur.«En esencia, China jugó a dos bandas. Aprovechó el éxito de la Alianza de las Tres Hermandades para aumentar la presión sobre la Junta y forzarla a actuar contra los grupos criminales que estaban atacando a ciudadanos chinos. Con el tiempo, también ayudó a negociar un alto el fuego entre la Alianza y la Junta».Así, la aparición en enero de 2024 de Bai Suocheng, esposado y con un cartel al cuello, en un avión rumbo al gigante asiático completó la campaña. Él y otros cinco miembros de su clan fueron sentenciados a muerte en noviembre. Los Liu y los Wei –entre ellos Chen Dawei– aguardan asimismo veredicto.El poder de las mafias en Laukkaing se fortaleció tras la operación militar liderada por Min Aung Hlaing. AFPChina, haciendo valer su condición de potencia regional, también ha logrado que Tailandia y Camboya entreguen a los cabecillas de otras mafias estafadoras, como She Zhijiang, quien levantó la ciudad de Shwe Kokko, o Chen Zhi, impulsor del Prince Group, respectivamente. Desde el comienzo de la operación, el Ministerio de Seguridad Pública ha realizado un total de 57.000 arrestos.«Sin acceso a datos no podemos afirmar con certeza si las actividades de estafa han disminuido, pero la disrupción en toda la región durante los últimos seis meses ha sido considerable, muchos complejos están hoy vacíos», apunta Ivan Franceschini, profesor de Estudios Chinos en la Universidad de Melbourne y autor del libro reciente 'Estafas: Dentro de los complejos de ciberdelincuencia del Sudeste Asiático', sin edición en español.«Se trata de la ofensiva más seria que hemos visto hasta la fecha, pero tendrá que mantenerse en el tiempo para evitar que vuelvan a llenarse cuando decaiga la atención», añade. «Otros países también deberán permanecer alerta, ya que es probable que las organizaciones busquen nuevas bases, más seguras, desde las que operar».


