
Más allá de los muertos, los combates y el riesgo de que la región se vea envuelta en llamas, la mayor preocupación mundial que genera la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán es la falta de petróleo, cuyo precio está en alza. Pero una de las claves de esta guerra es otro recurso que a veces se olvida: el agua, tanto un bien preciado como un arma de guerra en una región donde es tan valiosa como escasa. Si bien el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es conocido por sus cambios de opinión, el jueves por la noche sorprendió a los observadores con un tono más conciliador hacia Teherán. En su nueva propuesta, le otorgó a Irán diez días adicionales antes de decidir si atacar, por ejemplo, su infraestructura eléctrica. Cabe mencionar que los iraníes han difundido sutilmente sus amenazas y transmitido su mensaje: si alguna de sus infraestructuras es atacada, ellos mismos o sus aliados, en este caso los hutíes de Yemen, no dudarían en atacar las plantas desaladoras de los países del golfo Pérsico. Una reacción que, en caso de producirse, provocaría una catástrofe humanitaria.La región del Golfo no cuenta con más del 2% de las reservas mundiales de agua dulce, que se necesita tanto para beber como para regar sus tierras agrícolas. Por ese motivo, todos los países de la zona dependen en gran medida de la desalinización, hasta en un 99% en el caso de Qatar. Además, y según el Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI), las plantas desaladoras aportan el 90% del agua en Kuwait , el 86% en Omán , el 70% en Arabia Saudí , el 63% en Baréin y el 42% en Emiratos Árabes Unidos (EAU).Noticia relacionada reportaje No No El Líbano revive los fantasmas de la guerra civil Nathalie DuplanEn total, si se toman en consideración las instalaciones privadas, como las industrias y los balnearios, la región cuenta con unas 400 plantas desalinizadoras . Según el Banco Mundial, entre las más importantes para las ciudades grandes hay cinco en Arabia Saudí; cinco en los Emiratos Árabes Unidos (EAU); cuatro en Kuwait; cuatro en Omán; tres en Qatar y dos en Baréin.El doctor Fadi Comair, asesor de la Universidad de Balamand en el Líbano, profesor en The Cyprus Institute, en Chipre, expresidente del Programa Hidrológico Intergubernamental (PHI) de la Unesco y exdirector general de Recursos Hídricos y Eléctricos del Ministerio de Energía y Agua del Líbano, conoce bien esta dependencia. «Los países del Golfo cuentan con unas veinte plantas desaladoras principales (se necesitarían 60 plantas para 2050), pero no almacenan agua. En caso de ataque o cualquier avería, incluso en tiempos de paz, solo disponen de reservas para un máximo de dos o tres días».«En caso de ataque o cualquier avería, incluso en tiempos de paz, los países del Golfo solo disponen de reservas para un máximo de dos o tres días» Fadi Comair Experto en recursos hídricosHace apenas un año, Comair aconsejó a las autoridades de Masdar City, en Abu Dabi, la construcción de depósitos subterráneos para paliar esta escasez. Al adquirir tanques de almacenamiento, estos países que carecen de agua dulce podrían extender su autonomía a unos quince días, lo que les daría tiempo para encontrar una solución a su problema. «Es un proyecto que llevará al menos dos o tres años», detalla este experto. «Mientras tanto, estos países podrían utilizar el transporte marítimo». Esta solución, posible en tiempos de paz, parece difícil de implementar en medio de un conflicto. De ahí la absoluta necesidad de proteger las plantas desaladoras. «Los países del Golfo deben cambiar su concepto energético, que actualmente se basa en combustibles fósiles, porque es demasiado contaminante y demasiado caro», señala Comair. Ante la crisis actual, este defensor del medioambiente reconoce la ventaja de la energía nuclear. «Es barata. En caso de un sistema político estable, podemos confiar en ella», asegura.Con cautela, y sin negar el deseo de Irán de utilizar esta energía con fines militares, Comair plantea una hipótesis: «En mi opinión, según su lógica, los iraníes sin duda pretendían también sacar provecho de las ventas de energía a los Estados del Golfo, dado que la desalinización consume mucha energía. No menos de 30% de la producción energética se usa para la desalinización. Los iraníes son inteligentes y saben que los países árabes dependen de ella».«No menos de 30% de la producción energética se usa para la desalinización. Los iraníes son inteligentes y saben que los países árabes dependen de ella» Fadi Comair Experto en recursos hídricos Desde hace unos años, la desalinización es también la opción elegida por Israel, que posee seis plantas principales. Sin embargo, la cuestión del agua representa un problema para el Estado judío, y probablemente sea una de las razones de su renovado deseo de ocupar el sur del Líbano. El argumento militar es difícil de aceptar, ya que es evidente que una zona de amortiguación no bastaría para garantizar la seguridad del territorio israelí, dado que los misiles de Hizbolá se lanzan desde el valle de la Becá y no desde el sur. Fadi Comair fue presidente de la Autoridad Nacional del Litani y desempeñó un papel clave en las negociaciones internacionales relativas a los ríos Wazzani y Hasbani, afluentes principales del Jordán, así como con Siria, en relación con los ríos Orontes y Nahr al-Kabir.Por ese motivo, está en una posición privilegiada para analizar la situación: «Durante las negociaciones para el primer préstamo que solicité al Banco Mundial en 1994 para proyectos de irrigación, específicamente para la zona sur del Líbano, nos topamos con un obstáculo en torno a los derechos de los países ribereños sobre el Litani. Me opuse con vehemencia, argumentando que el Litani es un río nacional sobre el cual los países ribereños no tienen derecho». Tras dos días, el negociador libanés logró su objetivo y se firmó el acuerdo. Mala gestiónComo funcionario público honesto, Comair reconoce la mala gestión que el Líbano ha demostrado en ocasiones, lo que ha perjudicado a la población. Menciona el desvío del río Litani en la década de 1960, con el fin de irrigar todo el sur, promover la agricultura y estabilizar la población. Este objetivo finalmente se desvió hacia la producción de electricidad. El sur, una región perpetuamente desatendida por el Gobierno central, cayó posteriormente en manos de Hizbolá y se encuentra atrapado en este enfrentamiento con Israel desde años. El negociador está convencido de que los israelíes «seguramente querrán recuperar el control del Litani, ejercer algún tipo de control militar sobre nuestros recursos hídricos y concluir un acuerdo con el Líbano sobre los ríos Wazzani y Hasbani, afluentes del Jordán, sabiendo que la cuenca del Jordán se extiende desde el monte Hermón hasta el mar Muerto». Como los israelíes ya ocupan parte de esa montaña, Fadi Comair teme que «impondrán una solución muy costosa a los libaneses, ya que negociaron sobre la frontera marítima y observaron que el Líbano cedió 1.400 kilómetros cuadrados de dicha frontera». Como hombre de paz, porque también inventó el concepto de hidrodiplomacia, Comair afirma no tener «ningún problema con el reparto equitativo y el uso razonable de las cuencas fluviales transfronterizas». En su opinión «la cuenca del río Jordán, la gestión entre los cinco países ribereños –el Líbano, Israel, Siria, Palestina y Jordania– es esencial. Pero para un río nacional, como el Litani, no puedo concebirlo».Además del petróleo, el otro gran frente de la guerra de Irán es el agua. Pero seguirá siendo un reto importante, sobre todo porque, como señala Comair, «para 2030, todos los países del Mediterráneo suroriental dispondrán de menos de 500 metros cúbicos por persona al año, lo que supone una escasez extrema».
