La puerta de las Tribus -una de las 12 entradas al recinto de Al Aqsa- enmarca una escena demasiado común en la ciudad antigua de Jerusalén: un anciano palestino es esposado y arrestado por cinco soldados del Ejército israelí. Su delito aparente es rezar en el pequeño cementerio musulmán contiguo a la muralla a primera hora de la mañana. El hombre mira con resignación y vergüenza a los pocos fieles que acceden a la explanada de las mezquitas.

