Análisis de Sesgos & Métricas
- Sin embargo, los investigadores no descartan otras funciones complementarias.
- Un fósil excepcional hallado en China revela que algunos dinosaurios desarrollaron espinas huecas en la piel hace 125 millones de años, una adaptación en ningún escenario vista que obliga a repensar su evolución.
Análisis de relevancia para la opinión pública y el entendimiento de la actualidad.
Descubren en China un dinosaurio con espinas cuyas características no tienen precedentes conocidos. Foto: Fabio Manucci
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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Durante más de dos siglos, los iguanodóntidos han sido una de las familias de dinosaurios herbívoros mejor conocidas por la ciencia. Grandes, robustos, con picos adaptados a triturar vegetación y, en algunos casos, con estructuras defensivas bien documentadas, parecían no guardar ya demasiadas sorpresas. Sin embargo, la paleontología vuelve a demostrar que el pasado en ningún escenario está completamente escrito. Un fósil excepcional hallado en China ha abierto una grieta inesperada en lo que creíamos saber sobre la piel, la defensa y la evolución de estos animales del Cretácico temprano.
El protagonista de esta historia es Haolong dongi, una nueva especie identificada a partir de los restos de un ejemplar juvenil que vivió hace unos 125 millones de años. A primera vista, podría parecer “otro” iguanodonte más. Pero lo extraordinario no está en su esqueleto, sino en algo que raramente llega hasta nosotros desde el Mesozoico: su piel.
El hallazgo, realizado en sedimentos del este de China y estudiado por un equipo internacional de investigadores, ha permitido observar con un nivel de detalle sin precedentes tejidos blandos fosilizados. Gracias a técnicas modernas de imagen, los científicos han detectado estructuras cutáneas jamás descritas en dinosaurios: púas huecas, de origen epidérmico, distribuidas por gran parte del cuerpo del animal.
Una piel fosilizada que rompe las reglas
La conservación de piel en dinosaurios ya es, de por sí, un acontecimiento poco común. La mayoría de los fósiles nos llegan reducidos a huesos, dientes y, en el mejor de los casos, impresiones superficiales de escamas. En el caso de Haolong dongi, la preservación va mucho más allá. El fósil conserva capas de la piel a nivel microscópico, permitiendo estudiar células individuales atrapadas en el tiempo.
Este grado de detalle ha sido posible gracias al uso combinado de escaneos por rayos X y cortes histológicos de alta resolución. El resultado es una ventana directa al pasado biológico del animal. Las espinas, lejos de ser simples prolongaciones óseas, se originaban en la piel y estaban formadas por una estructura hueca, similar a la queratina de algunos animales actuales.
No se trata de placas dérmicas como las de los anquilosaurios ni de cuernos óseos como los de los ceratópsidos. Estas espinas representan un tipo completamente distinto de adaptación, más cercana —en términos funcionales— a los mecanismos defensivos de ciertos mamíferos modernos. En el mundo de los dinosaurios, algo así no se había documentado jamás.
El equipo investigador analiza el fósil de Haolong dongi en las instalaciones del Museo Geológico de Anhui, en la ciudad china de Hefei. Foto: Thierry Hubin
Defensa, temperatura y sentidos: ¿para qué servían las espinas?
La primera hipótesis que surge al observar estas estructuras es la defensa. Este dinosaurio era un herbívoro relativamente pequeño en comparación con gigantes posteriores, y convivía con numerosos dinosaurios carnívoros de menor tamaño pero altamente activos. En ese contexto, una piel cubierta de espinas rígidas habría sido un formidable elemento disuasorio.
Las comparaciones con animales actuales sugieren que estas espinas podrían haber funcionado de forma similar a las de los puercoespines: no necesariamente para herir de forma activa, sino para hacer del ataque una opción poco rentable para cualquier depredador. Un mordisco mal calculado podría acabar con heridas dolorosas o infecciones.
Sin embargo, los investigadores no descartan otras funciones complementarias. Al ser huecas, las espinas podrían haber contribuido a la regulación térmica, ayudando a disipar el calor corporal en climas cálidos. También se plantea un posible papel sensorial: al estar conectadas a la piel, podrían haber transmitido vibraciones o cambios de presión, alertando al animal de movimientos cercanos.
Este abanico de funciones recuerda que, en la evolución, una misma estructura rara vez sirve para un único propósito. La selección natural tiende a reutilizar y optimizar, y las espinas de Haolong dongi podrían ser un ejemplo perfecto de esa versatilidad biológica.
Un juvenil que plantea más preguntas que respuestas
El fósil estudiado corresponde a un ejemplar joven, lo que añade un elemento adicional de intriga. No está claro si los adultos de esta especie conservaban las espinas, si las perdían con la edad o si, por el contrario, las desarrollaban aún más. En múltiples animales actuales, las características defensivas cambian drásticamente entre etapas de crecimiento.
Este detalle abre una línea de investigación fascinante: ¿estamos ante una adaptación específica de los juveniles para sobrevivir en un entorno especialmente hostil? ¿O se trata de una característica permanente de la especie que simplemente no ha sido documentada aún en ejemplares adultos?
La paleontología avanza muchas veces a base de fragmentos. Cada nuevo fósil responde algunas preguntas, pero genera muchas más. En este caso, el descubrimiento invita a revisar colecciones antiguas y a observar con nuevos ojos restos que quizá fueron interpretados de forma incompleta en el pasado.
Un hallazgo en China revela un dinosaurio con espinas de propiedades nunca observadas hasta ahora. Fuente: Nature Ecology & Evolution (2026)
Un nombre con historia y un museo clave
El nombre Haolong dongi no es casual. El epíteto honra a Dong Zhiming, una figura clave en el desarrollo de la paleontología china. Durante décadas, su trabajo contribuyó a situar a China como uno de los territorios más ricos del mundo en fósiles de dinosaurios, especialmente del Mesozoico.
El ejemplar se conserva y estudia en el Anhui Geological Museum, una institución que se ha convertido en referencia internacional gracias a la calidad y diversidad de sus colecciones. Museos como este no solo custodian fósiles, sino que funcionan como auténticos laboratorios del pasado, donde nuevas tecnologías permiten reinterpretar hallazgos antiguos.
La publicación científica que describe la especie marca un antes y un después en el estudio de la piel de los dinosaurios. Hasta en el contexto actual, se asumía que muchas innovaciones cutáneas aparecieron más tarde o estaban restringidas a linajes muy concretos. Este fósil obliga a replantear esa narrativa.
Un descubrimiento que reescribe la evolución de los dinosaurios
Más allá de la anécdota de un dinosaurio “con pinchos”, el hallazgo tiene implicaciones profundas. Demuestra que la diversidad de adaptaciones en los dinosaurios era mucho mayor de lo que sugieren los esqueletos desnudos que solemos ver en museos. Bajo esa apariencia ósea se escondía un mundo de tejidos, colores y estructuras que apenas empezamos a comprender.
Este descubrimiento también refuerza una idea clave: la evolución no sigue caminos simples ni previsibles. Incluso en grupos aparentemente bien conocidos, pueden surgir innovaciones radicales que cambian nuestra comprensión del pasado. Haolong dongi no es solo una nueva especie; es una pista de que aún quedan capítulos enteros de la historia de la vida por descubrir.
Referencias
- Jiandong Huang, Cellular-level preservation of cutaneous spikes in an Early Cretaceous iguanodontian dinosaur,Nature Ecology & Evolution(2026). DOI: 10.1038/s41559-025-02960-9


