Antes de convertirse en símbolo de la extrema derecha europea, Léon Degrelle fue un joven católico ambicioso, criado en el corazón del conservadurismo belga, cuya evolución ideológica lo llevaría de los altares a las trincheras del frente oriental, al servicio del Tercer Reich.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
Creado: Actualizado:
Pocos personajes del siglo XX europeo concentran tantas contradicciones como Léon Degrelle. Católico ferviente, líder populista, colaborador nazi, oficial de las Waffen‑SS, fugitivo, propagandista y símbolo de la extrema derecha internacional durante medio siglo. Su vida recorre, como un hilo tenso, las grandes fracturas de Europa: el miedo al comunismo, el descrédito de la democracia, el atractivo del autoritarismo y la incapacidad de muchos países para cerrar definitivamente las heridas de la guerra. Degrelle no fue un simple comparsa del nazismo, sino un actor consciente, convencido y persistente, que nunca renegó de sus decisiones.
La figura del fundador del movimiento rexista belga ha sido utilizada, deformada y silenciada según el momento y el lugar. En Bélgica fue condenado al ostracismo; en la España franquista fue protegido; en los ambientes neofascistas europeos se convirtió en un referente ideológico. Pero detrás del mito, del héroe para unos y traidor para otros, se esconde una historia mucho más compleja, llena de matices, maniobras políticas, ambiciones frustradas y una coherencia ideológica tan férrea como peligrosa.
Pablo Cuevas ha dedicado años a reconstruir ese recorrido sin concesiones ni simplificaciones en su libro Léon Degrelle, publicado por la editorial Pinolia. En esta entrevista, Cuevas explica por qué el fascismo fracasó en Bélgica, cómo Rex sobrevivió gracias al dinero alemán e italiano, qué hay de cierto en su relación con Franco, por qué Hitler nunca confió del todo en Degrelle, y cómo el antiguo colaborador nazi logró reinventarse como faro de la extrema derecha europea durante décadas de exilio en España.
La conversación también se adentra en los episodios más incómodos: las represalias, los crímenes de guerra, las redes de protección, la manipulación del franquismo, el negacionismo y el legado que aún hoy genera disputas dentro del propio mundo ultraderechista. Más que una entrevista sobre un personaje histórico, es una radiografía de cómo ciertos fantasmas del siglo XX siguen respirando en el presente.
Pregunta. En el libro queda claro que el fascismo en Bélgica nunca llegó al poder como sí ocurrió en Italia o Alemania. ¿Qué elementos clave impidieron que el rexismo siguiera ese mismo camino?
Respuesta. Primero, la experiencia. Los mecanismos utilizados en Italia, Alemania o Austria eran conocidos por los rexistas, pero también por sus adversarios. Y sobre todo, en Bélgica se consiguió una unión entre derechas e izquierdas sin fisuras, que dejó aislado al fascismo.
P. Rex recibió apoyo financiero de Alemania e Italia entre 1936 y 1939. ¿Hasta qué punto ese respaldo extranjero fue decisivo para su crecimiento, y qué consecuencias tuvo en su dependencia política?
R. Más que para su crecimiento, que fue muy breve, fue decisivo para su mantenimiento. Sin estos fondos Rex posiblemente habría desaparecido en 1938-39. Nada más empezar la guerra en Polonia, Degrelle pidió nuevas subvenciones para reforzar la idea de la neutralidad entre los belgas, dinero que le fue concedido, pero que no consiguió llegar antes que los panzers alemanes, en mayo de 1940.
P. Sobre la visita de Degrelle a España en febrero de 1939, ¿realmente fue recibido por Franco con desfiles y honores o se trató más bien de un encuentro discreto, sin fotos ni publicidad, para evitar problemas diplomáticos con Bélgica?
R. Fueron las dos cosas a la vez, y el secretario de Degrelle pudo reunir un enorme archivo de recortes de prensa reseñando su viaje, pero de periódicos locales y falangistas. Y no hubo ningún desfile en su honor, eso fue una invención propia. La preocupación de la diplomacia franquista para que esta visita no dificultara su reconocimiento por Bélgica fue excesiva. El problema por el que tardó tanto el reconocimiento del gobierno de Franco por parte de Bélgica fue la naturaleza de su gobierno de coalición, en el que conservadores católicos y liberales intentaban no desairar a los socialistas con los que formaban gobierno, Degrelle con apenas cuatro diputados, era irrelevante para la política exterior (e interior) belga.

P. Aunque se suele presentar a Degrelle como el creador de la Legión Valona, señalas que la iniciativa partió de su segundo, Roleau. ¿Cuál fue el verdadero papel de Degrelle en ese proceso y por qué terminó él mismo alistándose para ir al frente?
R. Degrelle estaba en París cuando comenzó la invasión de la URSS, de forma que fue Roleau quien consiguió, tras dos intentos, la autorización alemana. Esto lo reconoce en algunos sitios, como en las entrevistas con Charlier en los setenta, pero en otras ocasiones se olvida, no ya de mencionarlo, sino de su existencia.
P. Llama la atención esa carta personal que le envía a Hitler en abril de 1941, ofreciéndose incluso para misiones sucias como oficial de las SS. ¿Qué interpretas del hecho de que nunca recibiera respuesta? ¿Fue un desprecio o simplemente no le consideraban útil?
R. Entonces ni las autoridades de ocupación en el país, ni en Berlín, veían ninguna utilidad en Rex o en Degrelle pues podían administrar Bélgica sin su ayuda. Fue un nuevo intento de llamar la atención del Führer, después del ¡Heil Hitler! publicado en la portada de su periódico el uno de enero de 1941. Pero sin ningún resultado, más allá de alejar a los rexistas del resto de la población belga.
P. Degrelle tuvo apenas dos meses de entrenamiento militar y aun así fue ascendiendo y recibiendo condecoraciones. Incluso obtuvo su primera medalla por una batalla en la que no estuvo. ¿Fue más una figura propagandística que un verdadero combatiente?
R. Fue el mejor recurso publicitario del que dispusieron los alemanes en toda la Europa ocupada, desde el mismo inicio de su estancia en Ucrania. A partir de esa primera batalla en la que no estuvo, Degrelle es ascendido a sargento adscrito al Estado Mayor, sin estar encuadrado en ninguna unidad concreta de combate, pero ejerciendo un indudable efecto moral entre sus seguidores. Su posición era equivalente al de un comisario político en el ejército soviético, si bien recordemos que siempre hubo entre los valones voluntarios que no eran rexistas.

P. Uno de los episodios más turbios es la carta en la que pide fusilar a 100 rehenes tras la muerte de su hermano, añadiendo nombres propios. ¿Está documentado que al menos tres de ellos murieron tras ser arrestados por orden suya? ¿Eso lo convierte en responsable directo de crímenes de guerra?
R. Murieron 25 rehenes tomados en su pueblo, más los tres añadidos por Degrelle, Un cuarto no pudo ser arrestado por los alemanes, y se salvó. Los hechos están perfectamente documentados, en el libro incluyo la carta de Degrelle a Himmler pidiendo que se matara no solo a estos 28, sino a cien rehenes por cada rexista muerto. Pero la justicia belga nunca le procesó por ello. Ya estaba condenado in absentia como traidor a la pena de muerte. Bélgica no ejecutó a nadie que sólo hubiera combatido en el este, pero sí a quienes habían realizado asesinatos en Bélgica.
P. A partir de 1944, Degrelle empieza a relacionarse con figuras como Skorzeny. Más adelante en España con movimientos como CEDADE, la OAS o Fuerza Nueva. ¿Qué papel jugó en la reorganización de la extrema derecha europea durante el franquismo y la Transición?
R. Fue su mayor símbolo y faro desde los años cincuenta, sobre todo entre franceses nostálgicos de Vichy, y españoles que deseaban menos aperturas al occidente materialista. Con la muerte de Skorzeny en 1975 se convierte en la figura más notoria para todos los que deseaban reivindicar la herencia del nazismo. Y con la de Franco Degrelle por fin disfruta de una auténtica libertad de expresión, sin las amenazas de deportación de los últimos gobiernos tecnócratas por complicar sus relaciones con la Unión Europea.
P. En los años 60 logró cierto apoyo dentro de la Falange, pero también hubo tensiones y engaños. ¿Cómo consiguió manipular al Movimiento? ¿Qué buscaba realmente con ese acercamiento al régimen?
R. El secuestro de Eichmann en Argentina en 1960 causó una enorme conmoción entre los nazis alemanes y colaboracionistas refugiados en España, Degrelle se acercó aún más a la falange (Movimiento Nacional, desde 1944) en busca de protección y apoyo, objetivo conseguido con creces, pese a la amenaza de algún ministro tecnócrata del Opus. Esto incluyó la invención de una relación personal con José Antonio Primo de Rivera.
P. El caso Violeta Friedman marcó un antes y un después en la lucha contra el negacionismo en España. ¿Crees que Degrelle, con su discurso impune durante décadas, fue en parte el catalizador que llevó a ese proceso judicial?
R. Marcó un punto y aparte. La legislación española comenzó a equipararse con la europea a partir de ese momento, pero fueron necesarios seis años y varios juicios para que Jorge Trías consiguiera una sentencia favorable a Friedman. La libertad de expresión no significaba que Degrelle pudiera difamar e insultar a las víctimas o a los supervivientes del Holocausto.



