
EL NUEVO DIARIO, REDACCION DIGITAL. – Cada Viernes Santo, en hogares de República Dominicana y gran parte del mundo hay una ausencia que no pasa desapercibida en la mesa: la carne. En su lugar, aparecen pescados, granos o platos tradicionales. Pero detrás de esta práctica no hay una simple costumbre, sino una tradición profundamente ligada a la Iglesia católica y a siglos de historia religiosa.
A diferencia de lo que muchos creen, la Biblia no establece explícitamente que esté prohibido comer carne en Viernes Santo. La práctica surge de la tradición de la Iglesia católica como un acto de penitencia y sacrificio espiritual.
Se trata, en esencia, de una decisión simbólica: renunciar a un alimento considerado placentero para acompañar el recuerdo de la muerte de Jesucristo, que se conmemora ese día.
Origen católico: ayuno, abstinencia y Cuaresma
La costumbre está enmarcada dentro de la Cuaresma, el período de 40 días previo a la Pascua, que los católicos dedican a la reflexión, el ayuno y la penitencia.
Dentro de este calendario, el Viernes Santo es uno de los días más solemnes, ya que recuerda la crucifixión de Jesús. Por eso, la iglesia establece la abstinencia de carne como una forma de recogimiento espiritual.
De hecho, el Código de Derecho Canónico indica que los católicos, especialmente mayores de 14 años, deben abstenerse de consumir carne ese día.
¿Por qué la carne?
Históricamente, la carne ha sido vista como un alimento asociado al lujo, la celebración y la abundancia. Evitarla en un día de luto refuerza la idea de sacrificio.
Además, no se trata solo de dejar de comer carne, sino de practicar la disciplina espiritual y recordar el sufrimiento de Cristo.
El pescado: tradición y símbolo
En sustitución de la carne, el pescado se convirtió en el alimento más consumido durante el Viernes Santo. Esto responde tanto a razones prácticas, era más accesible en muchas regiones, como simbólicas, ya que el pez fue uno de los primeros signos del cristianismo.
Por eso, en países como República Dominicana, el menú del día cambia radicalmente, integrando platos a base de pescado o recetas tradicionales propias de la temporada.
Una práctica que sobrevive entre la fe y la costumbre
Con el paso del tiempo, la abstinencia de carne ha evolucionado. Para algunos creyentes sigue siendo un acto de fe; para otros, una tradición heredada que forma parte de la identidad de la Semana Santa.
Lo cierto es que más allá de lo que haya en el plato, el sentido original permanece: hacer una pausa, reflexionar y recordar uno de los momentos más significativos del cristianismo.
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