Lo que son las cosas. En España la mujer del presidente afronta una especie de proceso fantasma, un partido de pimpón entre el instructor y el tribunal que le va corrigiendo hasta que veamos dónde cae la pelota. En Francia, la primera dama tuvo que llevar a juicio a los creadores del bulo de su transexualidad. Y en EE UU, el país cuya democracia parece que llegamos a admirar algún día, tenemos a Melania Trump en plena promoción de su documental de autobombo. Los mundos paralelos en los que transcurre nuestro presente siguen multiplicándose más rápido de lo que podemos asimilar.
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