
Como hemos dicho en anteriores ocasiones, la Junta Central Gubernativa instalada por los trinitarios a raíz de la separación de Haití estaba plagada de personajes conservadores que no tenían verdadero interés en la independencia nacional, aunque un patriota de la estirpe de Francisco del Rosario Sánchez servía de presidente provisional, entre ellos estaba un probado burócrata de la Corona española y del propio gobierno de la ocupación haitiana, don Tomás Bobadilla, actor importante para la consolidación del proyecto, que se integró en un momento clave de la postrimería de la ocupación.
Este personaje se involucró en el movimiento independentista a raíz del destierro del líder de los trinitario y, según cuentan algunos, participó en el trabucazo de la Puerta del Conde Junto a Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella. Transcurría un momento difícil para Sánchez y Ramon Mella, imagínense la situación de los trinitarios sin su cabeza principal, aquel que había hecho todos los contactos posibles en toda la isla para conspirar en contra de la ocupación, el hombre que vistiendo uniforme de coronel del ejército haitiano hizo contacto con oficiales de alto rango del naciente Estado de Haití, entre ellos el general Herard, ahora estaba forzado a ausentarse del territorio que tanto amaba.
Esta situación sumió en la desesperación a los conspiradores principales, produciéndose esa natural falta de certeza, sobre una inseguridad creciente que produce en forma automática en la psicología humana, con esa agria sensación de desconfianza sobre todo lo que sucede a su alrededor. Las implicaciones debieron ser severas. Estoy seguro había duda y desasosiego ante los riesgos de encarcelamiento, amenaza sobre la familia de los involucrados y la inminencia de muerte a manos de las fuerzas ocupantes.
De los tres cabecillas principales quedaron dos valientes conjurados que se habían sumado en el proceso de crecimiento de la trinitaria auspiciado, organizado y dirigido por Duarte entre 1838 y 1844, se trata de Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramon Mella. Pongámonos en los zapatos de estos dos jóvenes patriotas, hombres de carne y hueso, con sus debilidades y fortalezas, sobre esa incertidumbre relacionada con el desconocimiento, la inseguridad y la búsqueda de las decisiones que se habían de tomarse, gestionando el riesgo de las consecuencias que estas acarrearían en lo inmediato.
En ausencia del líder, el liderazgo de los trinitarios tenía que fortalecer su posición política dejando entrar a su intimidad a aquellos que podían hacer posible la consumación inmediata de la separación. Al colocarnos en su contexto, está justificado el riesgo de buscar ayuda en personas como las que componían en principalía el primer gobierno de la república.
Veamos las cualidades del futuro presidente de la presidente la Junta Central Gubernativa y reflexionemos las razones que tuvo el liderazgo trinitario para proponer la creación de una junta de gobierno y no la designación de un presidente. Los trinitarios no tenían la fuerza necesaria en los sectores sociales de mayor influencia, por lo que, al llegar momento en forma apresurada, conformaron un gobierno colectivo, en donde quedaron posicionados como una minoría.
El razonamiento se produjo porque tras la proclamación de la independencia se convencieron de formar un gobierno provisional de transición, que se diseñó en principio para dirigir la nación durante se consolidaba institucionalmente la república. Su objeto era organizar la administración pública, gestionar la guerra contra Haití y estructurar el Estado hacia la primera constitución. Pero, en el transcurso de los acontecimientos se presentaron variables que los lideres trinitarios no pudieron gestionar con éxito. Esas variables inician con Tomas Bobadilla y culminan con Pedro Santana.
Ambos personajes no eran cualquier cosa, se trataba de individuos importantes para la sociedad de la época y se constituyeron en grandes obstáculos frente a los planes originales de la nación y para la consumación de las ideas de Juan Pablo Duarte y sus dos principales colaboradores, Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramon Mella.
Para comprender lo que decimos, se debe saber que Bobadilla fue el notario principal del arzobispo Valera y primo del padre del prelado, que, en los tiempos de la Independencia Efímera de 1821 bajo el liderazgo de José Núñez de Cáceres estuvo ocupando el puesto de Oficial Primero de la Tesorería General del Estado. Luego, en 1830 durante la ocupación haitiana, fue nombrado Defensor Público y en 1831 l el gobierno le designa como Notario de Santo Domingo. Este inteligente personaje de nuestra historia, cuando se enteró de los planes trinitarios de separación, buscó la forma de integrarse a la conspiración independentista, agrupando a una gran cantidad de criollos, adeptos a sus ideales de protectorado ante el gobierno de Francia, sumándose al estilo Caballo de Troya en el organismo de gobierno.
Fue de esa forma que, al darse inicio a la organización del Estado Nacional, en los albores de la proclamación de la república, Francisco del Rosario Sánchez encabezaba la naciente Junta Central Gubernativa, pero, fue desplazado casi de inmediato por Tomas Bobadilla y sus adeptos, colocándose al mando de las decisiones ejecutivas del gobierno y marginando al grupo de los trinitarios en los primeros días de marzo e iniciando el calvario de los patriotas. Fue de esa manera que se le presentó al general Pedro Santana la oportunidad de legitimar acciones golpistas que lo llevaron al poder. El escenario se presenta sobre las acciones de los trinitarios, que, observando las actitudes del grupo de los afrancesados, descubrieron sus ideas de anexar el territorio dominicano a Francia, camuflado en la búsqueda de un protectorado. Entonces, los trinitarios unificados urdieron derrocar al presidente Bobadilla, hecho que se consumó el 9 de junio de 1844.
Se trató de un golpe de Estado ejecutado por Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella. Pero, de inmediato el general Pedro Santana contestó al golpe de Estado de los trinitarios con un contragolpe, imponiéndose como presidente e integrando a Bobadilla como un simple miembro más de la Junta Central Gubernativa y marginando a los patriotas en forma definitiva.
La actitud de don Tomas Bobadilla frente a Juan Pablo Duarte fue siempre hostil, mostrando enemistad sin conocerle en lo personal, organizando una oposición agresiva en su contra, opinando sin objetividad alguna en forma desfavorable y a veces hasta intimidante ante cualquier vestigio de respeto a la figura de quien ideara y organizara la trinitaria. Esa actitud puede ser considerada desde mi óptica, como una conspiración para alejarlo del poder ejecutivo del país, desde ese alejamiento, asumir él las riendas del proyecto. Fue así como, en lugar de acoger la petición de Duarte para asumir la jefatura del ejército, se le ordenó el 4 de abril de 1844 que regresara a la ciudad de Santo Domingo con su Estado Mayor, en vez de reforzar con tropas leales a los trinitarios la posición de Sabana Buey.
Don Tomás Bobadilla y Briones pensaba quedarse con el poder de naciente Estado dominicano, por ello su actitud fue siempre afectar las relaciones entre hateros y trinitarios, favoreciendo a los primeros, encabezados por Pedro Santana. La historia le jugó una partida de cartas muy diferente, porque tuvo que plegarse al poder de las fuerzas armadas creadas por el jefe hatero y capitaneadas por sus adeptos.
Por Francisco Cruz Pascual
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