Jamie, Ewan y Lachlan Maclean habían atravesado remando más de 7400 kilómetros de extenso océano Pacífico cuando la buena suerte con la que habían contado hasta el momento los abandonó. “Nos habían advertido que estaba entrando un anticiclón (una zona de baja presión atmosférica) y que era inevitable que fuéramos a chocar con él”, le contó Jamie al programa Outlook, del Servicio Mundial de la BBC. “Eran las peores condiciones a las que cualquiera de los tres se hubiera enfrentado: estamos hablando de olas de entre 7 y 9 metros de altura (...) no nos volcamos del todo, pero sí tuvimos dos alertas en las que el bote se inclinó a 90 grados”.
Una de esas olas terminó haciendo realidad uno de los peores escenarios a los que se pudieran enfrentar: lanzó a Lachlan, en medio de la noche, al agua. “No sabía dónde quedaba arriba, ni dónde quedaba abajo, y en la más profunda oscuridad”, recordó Lachlan, hablando con Outlook.
Cuando al final los hermanos llegaron al puerto de Cairns, en Australia, habían logrado su objetivo de romper la anterior marca de cruce del Pacífico en una embarcación sin asistencia: lo lograron atravesando 14.484 kilómetros del inmenso océano Pacífico en 132 días, cinco horas y 52 minutos.
El objetivo de los hermanos, más allá de romper la marca anterior, era lograr recaudar más de US$1 millón para proyectos de agua potable en Madagascar. Y todo comenzó en las frías costas de Escocia, donde estos tres hermanos se aventuraron por primera vez en el mar en una embarcación casera buscando pescar caballas, cuando apenas tenían 11, 10 y 5 años.
Rose Emily

Aunque los hermanos Maclean crecieron en Edimburgo, pasaban mucho tiempo en Assynt, en el noroeste de Escocia, donde su familia tiene una pequeña casa al frente del mar: allí aprendieron a remar. Su primera “embarcación” era un bote improvisado que construyeron cuando eran niños y, a través de sus experiencias, aprendieron a confiar ciegamente el uno en el otro. “Siempre nos gustó el mar”, le dijo Jamie a Outlook. “Supongo que esto era una extensión natural de aquello”.
Con los años, el gusto pasó a convertirse en un reto y en 2020, los tres hermanos se lanzaron en busca de un récord cruzando el Atlántico a remo: zarparon desde las Islas Canarias y llegaron a Barbuda, a 4800 kilómetros de distancia, en 35 días. Pero al lograrlo, inmediatamente surgió la necesidad de un reto más grande y el candidato obvio fue el Pacífico.

“Nos enteramos de que ningún equipo lo había atravesado sin parar y sin apoyo, desde Sudamérica hasta Australia. Guardamos la idea durante un tiempo, porque el hecho de que ningún equipo lo hubiera hecho sugería que, a lo mejor, no podíamos llevar suficiente comida o que hubiera limitaciones físicas”, explicó Lachlan. “Pero la idea permanecía ahí como una piedra en el zapato”.
Fue solo cuando lograron contactar con la persona que les construiría la embarcación que empezaron a planear la travesía en serio. “Fue a partir de ese momento que empezamos a tener conversaciones con nuestros seres queridos, porque, claro, es un tema difícil de tocar”, contó Jamie. Lachlan recuerda que la conversación con su madre fue particular: “Estábamos en su departamento, haciendo la cena, yo estaba picando una cebolla, y ahí le pregunté: ‘Mamá, ¿qué opinás si hacemos otra gran travesía en remo?’. Para ella, nuestro viaje por el Atlántico fue muy difícil, entonces todos estábamos muy ansiosos por el estrés que pudiera causarle... pero para ser sinceros, no se sorprendió tanto, creo que ella sabía lo que se iba a venir, lo mismo que papá”.
Como homenaje a sus padres, los chicos le pusieron a la embarcación el nombre de Rose Emily, como se llamaba la bebé que perdieron antes de nacer en 1996. “Para mamá en especial fue un gesto conmovedor porque creo que, en un sentido espiritual, ella sentía que Rose Emily iba cuidando a sus tres hermanos a través del Pacífico”. En ese momento empezaron los dos años de preparaciones que requiere la travesía en equipo más larga que se haya hecho sin interrupciones ni apoyo externo.
La Luna

Es imposible considerar todos los imprevistos que pueden surgir durante un viaje de este calibre, pero Jamie cuenta que hubo cosas clave en las que sí se pudieron preparar. “Un buen ejemplo”, le dijo Jamie a Outlook, “es caerte del barco, en especial en la noche. Ese era un gran temor que teníamos los tres”.
“Así que hacíamos una sesión de entrenamiento -salir a remar 6, 8 o12 horas- y en la noche, con la fatiga, uno se lanzaba al agua para acostumbrarse a nadar y volverse a subir al barco en la oscuridad. Buscábamos acostumbrarnos a esos procesos, que se sintieran menos desconocidos”.
La travesía arrancaba en Perú, por lo que los hermanos tuvieron que enviar allá todos los recursos que iban a necesitar -el barco, los 1 000 paquetes de comida congelada-. “Pero cuando finalmente llegamos a Perú, el barco se demoró en cruzar aduanas, la comida también, y con eso el viaje se retrasó casi dos semanas”, contó Lachlan.
Dos años -y dos semanas- después de haber tomado la firme decisión de cruzar el Pacífico, los hermanos Maclean finalmente zarparon desde Lima el 12 de abril de 2025, al son de la banda marcial de la Academia Naval que llegó para darles buenos augurios. Pero las dificultades se presentaron desde el principio.
“Ewan y yo tuvimos mareo durante los primeros 10 o 14 días”, relató Jamie, “yo no podía mantener la comida en el estómago, me sentía terrible”. Eso sumado a los turnos de entre 16 y 18 horas remando, bajo el sol inclemente, con la única protección de dos pequeños cubículos en los que solo se puede ingresar sentado. Lachlan contó que en medio del océano es fácil perder la noción del tiempo y del espacio. “Especialmente en los primeros 6500 km, porque no pasamos ninguna isla y las condiciones eran prácticamente las mismas”.

“Mi turno siempre nos llevaba de la noche al día, y los amaneceres y los atardeceres se convirtieron en el mejor momento de cada día: los cielos eran increíbles, con verdes, naranjas, azules, unos colores increíbles en el firmamento”, evocó Lachlan.
Y en las noches, la compañera siempre fue la Luna, particularmente para Lachlan. “Pudimos ver cuatro o cinco ciclos lunares completos, de Luna nueva a Luna llena, y la diferencia que hace en lo que podés ver en la noche es espectacular. En realidad puedes ver el mar a tu alrededor y las olas, y esto transforma completamente tu experiencia del turno nocturno. También te mantiene despierto. De manera genuina sentí que la Luna era nuestra amiga, como un rostro tranquilizador cuando nos acompañaba, en especial cuando las condiciones se pusieron difíciles”.
Cambio de suerte

La llamada que recibieron los hermanos anunciando que se dirigían hacia el anticiclón y que no podían hacer nada al respecto los puso en estado de alerta. Se prepararon para afrontar las condiciones que, en el mejor de los casos, durarían dos días. Al caer la noche, Lachlan hizo el cambio de guardia con Ewan y se dirigió hacia la parte trasera de la embarcación.
“Una de las preocupaciones principales es estar bien asegurado con un harnés de escalada a dos puntos distintos en la embarcación, por si alguno de los dos falla”, contó Lachlan. “Yo estaba a punto de desabrocharme para entrar en la cabina, esperando un espacio entre las olas, pero lo que llegó fue una enorme ola de 7 metros, una pared de agua que rompió sobre mi, completamente deslizando mis pies”.
En medio de la confusión, Lachlan creyó que la embarcación finalmente se había volcado a consecuencia del oleaje. Pero cuando por fin logró darle dirección a la luz que llevaba en el casco, vio cómo el nombre de su hermana emergía en la oscuridad. “Cuando vi ‘Rose Emily’ escrito con la letra de mi madre, fue que me di cuenta de que me había caído de la embarcación”.
Al no haber alcanzado a desconectarse de la línea que lo aferraba al bote, Lachlan se agarró del cable que lo arrastraba por el agua y empezó a impulsarse para tratar de subirse nuevamente. “Ewan logró reaccionar rápidamente, y vi esta mano aparecer de la oscuridad, así que la agarré pero otra ola me volvió a separar. Fue cuando aproveché el impulso de una segunda ola para finalmente volverme a subir”.
Lachlan relató que el miedo realmente lo alcanzó cuando llegó a la cabina a descansar. “Me entró esta angustia de ‘¿y si hubiera perdido el bote en estas condiciones?’, ‘¿y si me hubiera desenganchado y la ola me hubiese golpeado luego?’ Hubiera quedado perdido en el mar. Fue ahí que me entró el miedo”.
Estas difíciles condiciones meteorológicas forzaron a los chicos a cambiar su destino: una amenaza de ciclón les impedía llegar a Sydney, como lo habían querido inicialmente, y se desviaron hacia Brisbane. Pero un cambio en los vientos los obligó, nuevamente, a virar la dirección hacia el norte, dirigiéndose al puerto de Cairns.
Tierra a la vista

Los desvíos y cambios de itinerario durante el trayecto empezaron a pesar sobre los muchachos, quienes ya llevaban 139 días, cinco horas y 52 minutos remando por el Pacífico. Fue entonces cuando algo empezó a verse en el horizonte.
“Empezás a ver un borrón en el horizonte”, explicó Jamie, “y al principio lo confundes con una nube. Sigues con tu día y, cuando volvés a mirar, el borrón se puede distinguir mejor. Es cuando te das cuenta de que es la costa, en este caso de Australia”.
Por fin, después de 4 meses y medio en alta mar, los tres hermanos veían su objetivo. Y aún les faltaba un día entero para llegar. “De hecho, llegamos a Cairns de noche. Y lo primero que vimos fue el brillo de los postes de luz que no habíamos visto en meses. Y luego, cuatro amigos míos que habían viajado a recibirnos estaban tocando sus gaitas, y se podía oir el sonido de las gaitas viajando por el aire”.
No solo los estaban esperando sus amigos, cientos de personas habían salido a recibirlos y los estaban esperando en la marina de Cairns. Y, por supuesto, su aliviada mamá. Llegaron a Australia el 30 de agosto de 2025.

“Fue realmente inolvidable”, recordó, “estar ahí, abrazar a nuestra mamá por primera vez, a nuestras parejas, puede que no haya un abrazo como ese”. Su padre tuvo que esperarlos en Escocia, donde los recibió otra gran fiesta de celebración.
Jamie explicó que la travesía les trajo un optimismo renovado por la humanidad: ese sueño con el que empezaron tres hermanos en Escocia había movilizado a miles de personas alrededor del mundo a seguirlos y a apoyar la causa por la que habían zarpado. “Pensar que tocó la vida de personas alrededor del mundo que nunca conoceremos fue algo realmente increíble, y nos llena de una gran esperanza”.
Además, Lachlan recalcó que lo que vivieron esos cuatro meses en alta mar muestra cómo entre ellos tres se complementan y terminan funcionando como “algo que es más que la suma de sus partes”, impulsados por una buena intención.

“De pronto tiene menos que ver con el tipo de persona que debes ser para sobrevivir en alta mar y más con el tipo de equipo que necesitás para llevar a cabo una buena intención. También ayuda tener a la Luna de tu lado”.
*Por Mobeen Azhar, Elena Angelides, Steven McKenzie y Rafael Abuchaibe.


