A sus 60 años, Uwe Boll (Wermelskirchen, Alemania) es plenamente consciente de que su nombre muchas veces va acompañado de una descripción: “el peor director vivo”. Con el tiempo ha aprendido a abrazar ese apelativo y a encontrar su público: “Al principio es complicado que todas las críticas te pongan a caldo. Pero luego te quedas con lo positivo. De repente, décadas después, mis películas están en lo más visto en plataformas”, cuenta en inglés con su fuerte acento alemán en su visita a la CutreCon de Madrid, donde abraza plenamente el cine trash, con chistes del público durante las proyecciones de su obra, y no tomándoselo demasiado en serio.
Seguir leyendo


