Un retrato renacentista firmado en 1552, dado por perdido durante décadas, reaparece en Nueva York y obliga a reescribir los primeros años de una de las grandes pintoras del Renacimiento.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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La reaparición de Sofonisba Anguissola en el escaparate del mercado artístico neoyorquino no es solo una buena noticia para coleccionistas y museos: es, sobre todo, un episodio revelador sobre cómo se escribe —y se reescribe— la historia del arte. Un retrato firmado y fechado en 1552, dado por perdido durante décadas, ha vuelto a la luz tras pasar casi medio siglo oculto en una colección privada de Carolina del Norte. El lienzo, conocido como Retrato de un canónigo regular, no es una obra más, se trata del primer cuadro firmado de una de las figuras más singulares del Renacimiento italiano y de una pieza clave para entender los inicios de su carrera.
Durante años, la pintura sobrevivió únicamente como una imagen borrosa en blanco y negro conservada en archivos especializados. Su existencia era conocida por especialistas, pero su paradero, un misterio. Esa condición fantasmal, tan frecuente en el estudio del arte antiguo, alimentó hipótesis, dudas sobre la autoría y debates académicos. Que hoy pueda contemplarse de nuevo —y además en excelente estado de conservación— obliga a revisar certezas y devuelve protagonismo a una artista cuya trayectoria desafió las normas de su tiempo.
Un cuadro que solo existía en los archivos
Hasta hace muy poco, el Retrato de un canónigo regular era una obra citada casi de pasada en catálogos razonados y estudios monográficos. La única prueba tangible de su existencia era una fotografía antigua custodiada en la Frick Art Reference Library, tomada probablemente en la década de 1920, cuando la obra pasó fugazmente por una subasta. Después, silencio. Como ocurre con tantos cuadros del Renacimiento, el rastro se perdió entre herencias privadas, ventas discretas y mudanzas.
Ese limbo terminó de forma inesperada. Los actuales propietarios, herederos de una familia que había adquirido el cuadro en una subasta local en 1977 sin plena conciencia de su importancia, reconocieron la obra tras ver una conferencia académica difundida en vídeo. El gesto es revelador de nuestro tiempo: una investigación universitaria, difundida fuera de los circuitos cerrados, permitió reconectar una obra perdida con su contexto histórico y artístico.
El lienzo reapareció finalmente en Nueva York, presentado por la galería Robert Simon Fine Art durante el prestigioso Winter Show. Su exhibición pública, la primera en más de un siglo, fue recibida como un pequeño acontecimiento cultural.

Una escena sobria cargada de significado
El retrato muestra a un clérigo, identificado como un canónigo regular, captado en plena acción intelectual. Apoya la mano sobre un libro abierto —el Evangelio de Juan— mientras parece interrumpir su lectura para dirigirse al espectador. La composición es austera, pero cada detalle está cuidadosamente pensado. El águila asociada al evangelista, el texto bíblico legible, la alfombra oriental que cubre la mesa: todos estos elementos remiten a debates teológicos y culturales muy vivos en la Italia de mediados del siglo XVI.
No se trata solo de un ejercicio de retrato, sino de una afirmación intelectual. En una Europa sacudida por la Reforma y la respuesta católica, la elección de ciertos pasajes bíblicos y símbolos no era inocente. Anguissola demuestra aquí una madurez sorprendente para su edad —rondaba los veinte años— y una capacidad poco común para integrar contenido ideológico sin sacrificar la naturalidad del retrato.
Los primeros pasos de una artista excepcional
Sofonisba Anguissola nació en Cremona en torno a 1532, en el seno de una familia noble que apostó por la educación de sus hijas. A diferencia de la mayoría de mujeres artistas del Renacimiento, no aprendió el oficio en el taller de su padre, sino que recibió formación con pintores locales y se abrió camino gracias a su talento. Muy pronto atrajo la atención de figuras clave del mundo artístico, lo que le permitió desarrollar una carrera insólita para una mujer de su tiempo.
Este retrato pertenece a su etapa italiana, considerada hoy la más libre y creativa. En estos años, Anguissola experimentó con composiciones cercanas, expresiones psicológicas sutiles y escenas cargadas de humanidad. Son obras que se alejan del hieratismo cortesano y buscan una conexión directa con el espectador, un rasgo que explica su creciente valoración en el mercado y en los museos.

Del reconocimiento a la invisibilidad
La carrera de Anguissola dio un giro decisivo cuando fue llamada a la corte de Felipe II. Allí ejerció como dama de compañía y pintora de la reina Isabel de Valois. El puesto le otorgó prestigio y estabilidad, pero también impuso límites. La rigidez estética de la corte española redujo el margen de experimentación que había caracterizado su obra anterior.
Con el paso de los siglos, su figura fue desdibujándose. Algunas de sus pinturas se atribuyeron a maestros más conocidos y su nombre quedó relegado a notas a pie de página. No fue hasta finales del siglo XX cuando exposiciones y estudios comenzaron a devolverle el lugar que le corresponde en el Renacimiento tardío.
La reaparición del retrato se inscribe en ese proceso de recuperación. No es un caso aislado, sino parte de una revisión más amplia del papel de las mujeres artistas en la historia del arte occidental.

Un mercado atento y una historia que se corrige
El valor económico de la obra —ofrecida por una cifra cercana al medio millón de dólares— es significativo, pero su importancia va mucho más allá del precio. Se trata de una pieza documentada, firmada y fechada, algo excepcional en la producción de Anguissola. Cada obra recuperada contribuye a afinar el catálogo, a distinguir originales de atribuciones dudosas y a comprender mejor la evolución de su estilo.
Este tipo de hallazgos también plantea preguntas incómodas: ¿cuántas obras relevantes permanecen aún en salones privados, colgadas sin una historia clara? ¿Cuántos nombres, especialmente de mujeres, siguen esperando una revisión justa? El caso de Anguissola demuestra que la historia del arte no es un relato cerrado, sino un campo en constante revisión, donde la investigación y el azar siguen desempeñando un papel decisivo.
Un regreso que reescribe el Renacimiento
Que un cuadro del siglo XVI reaparezca en pleno siglo XXI no es solo una anécdota atractiva para titulares. Es una invitación a mirar el Renacimiento con otros ojos, a reconocer la diversidad de voces que lo construyeron y a aceptar que aún quedan capítulos por recuperar. El retrato redescubierto no solo devuelve a la luz una obra maestra temprana; devuelve también a Sofonisba Anguissola el lugar que durante demasiado tiempo le fue negado.


