
Los actores políticos con los que contamos en la actualidad en la República Dominicana lucen desesperados, los evidencia sus aprestos para intentar vanamente detener el ritmo irreversible de los acontecimientos en curso, el mundo sumergido en profundas transformaciones, mientras ellos se les arrodillan, en sumisión vergonzosa, al reinado del diablo; no existe ni la más remota posibilidad de construir el porvenir de la patria anhelada sin la incorporación de los espíritus redimidos por la sangre vivificante de un Dios vivo que, aunque cabalmente desconocidos para ellos, las señales las podemos ver surgir a borbotones en la realidad circundante: ¡Hipócritas! Sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡más las señales de los tiempos no podéis! Mateo 16, 3.
El viejo nuevo orden mundial ejercía la hegemonía de las naciones, pueblos y tribus del mundo entero bajo los ropajes de la derecha y de la izquierda, su fuerza cohesiva consistía en el encubrimiento de alianzas sostenidas subrepticiamente bajo juramento de secretismo, conociéndose entre ellos sus pecados se veían obligados a ocultarlos, orientaron en dirección a la maldad eso de aquel que este libre de pecados, y era que no podía ascender uno solo a los cargos de mayor responsabilidad sin que antes se vieran compelidos a atravesar el fango hediondo, retorcido e infernal dispuesto por sus mandantes.
Así fue como le dieron paso a las legiones malvadas del averno, y fueron con sus garras y dientes afilados tras los niños de nuestro pueblo, se prevalieron de la vanidad de los hombres, azuzándola mediante hechizos malignos disponibles en una red mundial divorciada de la esencia del ser humano, y así cayeron en las garras pestilentes del abismo, almas jóvenes, llenas de ambiciones capaces de todo para formar parte de las más altas esferas del poder gobernante, y luego que despertaron, dándose cuenta que en lugar de elevarse, involucionaron al inframundo mordisco de la manzana del jardín del edén, recibieron túnicas de pieles, se transformaron en supremacistas envueltos en un velo de falsas libertades, entraron al reino de la mentira de satanás.
Lo descrito aquí, antes no lo veíamos, sin embargo, ahora podemos ver, y viendo, nos negamos a participar de un estado perverso siguiendo su depravado camino, el veneno ha sido expulsado del cuerpo nacional dominicano, y escuchen esto que les voy a decir, contamos con todos los repugnantes expedientes de sus atrocidades, aun así, ¿pretenden esconderse del sol de justicia luego de recibir sentencia severa y una propuesta de salida sin escándalos, por el bien de familiares inocentes? ¿Quién manda aquí? ¿El pecador o el Redentor?
¿A quien tomó YHVH del redil, de detrás de las ovejas, para hacerlo príncipe de su pueblo? El presidente Abinader debe contener a esas turbas descontroladas del Congreso dominicano bajo sus dominios, ya que se niegan a ver lo revelado desde los cielos y vetar ese inicuo proyecto de ley que pretende eliminar las candidaturas independientes; los Hijos de Dios sabemos atravesar esos valles de sombras de muerte sin ser perturbados, pues la MANO firme de Ieoshua Ha Mashia (Jesucristo) nos mantienen a salvos ¿aun no les consta?
Las candidaturas independientes representan una opción pacifica e institucional de acceso al poder sin tener que pasar por ese fango de la partidocracia degenerada, no pactaremos con el príncipe de las tinieblas ya derrotado en la cruz del calvario por nuestro Cristo Salvador; dominicanos honestos y de buena voluntad se encuentran listos para iniciar la cruzada de salvación de la patria unigénita en nombre del Dios Altísimo. Las candidaturas de la redención del pueblo de La Dominicana, esas son las candidaturas independientes, una habilitación constitucional que abre caminos de renovadas esperanzas a las familias dominicanas, ¡y no nos la arrebataran! Porque escrito esta: “Pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité delante de ti”. 2 Samuel 7, 15.
Por Rafael Guillen Beltre
La entrada Candidaturas independientes indetenibles se publicó primero en El Nuevo Diario (República Dominicana).


