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"Análisis de relevancia para la actualidad."
- Como señaló Gunnar Myrdal , cuando una economía entra en una dinámica sostenida de expansión, esa misma expansión tiende a generar condiciones que refuerzan su continuidad.
La ruta puede parecer extraña si se observa en un mapa. Sin embargo, desde el punto de vista de la economía de la migración tiene una lógica bastante clara. Para millones de personas en el mundo, la migración no es un desplazamiento lineal entre un punto de origen y un destino final. Es una secuencia de decisiones condicionadas por oportunidades, restricciones legales, costos de traslado y redes sociales que facilitan o dificultan el movimiento. El destino puede estar definido desde el inicio, pero el camino suele adaptarse a las circunstancias.
Historias como la de Arianny se repiten todos los días en distintos lugares del planeta. Trabajadores que cruzan fronteras buscando mejores ingresos, mayor estabilidad o simplemente oportunidades que no encuentran en su lugar de origen. Desde la perspectiva económica, la migración suele responder a diferencias persistentes en productividad e ingreso entre territorios.
Cuando dos economías presentan niveles muy distintos de desarrollo, los trabajadores tienden a desplazarse hacia el lugar donde las oportunidades económicas son mayores. Este principio ha sido estudiado durante décadas en la teoría económica. El modelo de John Harris y Michael Todaro, por ejemplo, explica la migración como una decisión basada en el ingreso esperado en el lugar de destino, ajustado por la probabilidad de encontrar empleo. Cuando la diferencia entre ingresos potenciales es amplia, la migración se convierte en una respuesta racional incluso cuando existen riesgos o costos significativos.
Este fenómeno puede observarse en muchas regiones del mundo. La migración entre México y Estados Unidos, entre Europa oriental y Europa occidental o entre el norte de África y el sur de Europa responde en gran medida a diferencias persistentes en los niveles de desarrollo. Sin embargo, pocos lugares ilustran esta lógica con tanta claridad como la isla de La Española.
En esta isla conviven dos países que comparten geografía, clima y acceso a los mismos mares, pero cuyas trayectorias económicas han seguido caminos profundamente distintos durante las últimas décadas: Haití y la República Dominicana. La diferencia entre ambas economías resulta evidente cuando se examinan indicadores básicos de desarrollo.
Según las series más recientes del Banco Mundial para PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo, la República Dominicana se situó en 2024 en 27,541.7 dólares internacionales, mientras Haití alcanzó 3,193.7. Expresado de otra forma, el ingreso por habitante dominicano es hoy más de ocho veces mayor que el haitiano. En términos porcentuales, esto supone una diferencia superior al 760%.
Las diferencias de ingreso entre países vecinos no son raras en la economía internacional. Lo que hace singular el caso de La Española es que esta divergencia ocurre dentro de una misma isla.
Para dimensionar mejor esta singularidad resulta útil comparar La Española con otros casos de islas compartidas. Pero aquí conviene introducir una precisión metodológica. La comparación solo es realmente sólida cuando existen datos homogéneos para todas las jurisdicciones consideradas. Por esa razón, la matriz que sigue se restringe a casos en los que es posible trabajar con valores oficiales comparables de PIB per cápita PPP para las jurisdicciones soberanas presentes en una misma isla. El objetivo no es medir el producto generado estrictamente en cada porción insular, sino comparar la distancia entre las economías que coexisten dentro de esos espacios compartidos.
La comparación importa porque evita dos errores frecuentes. El primero consiste en presentar la singularidad de La Española como si fuera un hecho sin equivalente alguno. El segundo, en el extremo opuesto, consiste en diluirla en un conjunto de casos que no resisten una comparación homogénea. Lo que esta tabla muestra es algo más preciso: la coexistencia de diferencias de ingreso dentro de una misma isla no es única, pero el caso de La Española sí ocupa un lugar particularmente extremo entre los casos comparables.
Esa singularidad puede observarse no solo en la magnitud de la brecha, sino también en la forma en que esa brecha se proyecta sobre un espacio compartido. Cuando dos economías vecinas presentan niveles tan distintos de ingreso y oportunidades, la movilidad laboral se vuelve una respuesta previsible. Parte de la población del territorio con menores oportunidades busca empleo donde esas oportunidades son mayores.
En la isla de La Española este proceso ocurre en múltiples direcciones. Dominicanos como Arianny emigran hacia Europa o América del Norte buscando ampliar sus oportunidades. Al mismo tiempo, múltiples haitianos se desplazan hacia el lado oriental de la isla en busca de empleo en sectores productivos donde la economía dominicana ofrece mayores posibilidades de ingreso.
La migración no es la causa de la divergencia económica. Es una consecuencia. La cuestión central no es por qué las personas se mueven, sino por qué las oportunidades económicas se distribuyen de manera tan desigual dentro de un mismo territorio insular.
Esta observación permite introducir una idea central para entender la evolución de la isla. La brecha entre Haití y la República Dominicana no es el resultado de un evento puntual ni de una diferencia inicial fija. Es el resultado de un proceso que se amplía con el tiempo. Como señaló Gunnar Myrdal, cuando una economía entra en una dinámica sostenida de expansión, esa misma expansión tiende a generar condiciones que refuerzan su continuidad. Inversión, aprendizaje, ampliación de mercados y reorganización productiva tienden a interactuar entre sí. Cuando esa dinámica no logra afirmarse con la misma continuidad, la distancia entre trayectorias se ensancha.
Con el paso del tiempo, la distancia entre ambas trayectorias se amplía. La historia económica de La Española parece ajustarse a este patrón. A partir de mediados del siglo XX, la República Dominicana inicia un proceso gradual de transformación productiva e integración en la economía internacional. Haití enfrenta mayores dificultades para sostener procesos comparables. Como resultado, las diferencias entre ambas economías comienzan a ampliarse de manera persistente.
La tabla presentada aquí muestra el punto de llegada, no el proceso completo. Permite ver la magnitud actual de la diferencia, pero no explica todavía cuándo comenzó a abrirse de forma persistente ni cómo fue adquiriendo la forma que hoy define la isla. Esa cuestión exige una mirada histórica más precisa.
La pregunta, por tanto, no es solo cuánto difieren Haití y la República Dominicana en el presente. La pregunta es en qué momento ambas economías dejaron de parecerse relativamente y comenzaron a seguir trayectorias distintas durante un período prolongado.
Responderla requiere dejar por un momento la comparación estática y examinar el movimiento de largo plazo. Ese será el foco del siguiente artículo.
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