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"Afecta el poder adquisitivo y la estabilidad financiera."
- "2026-04-20T00:00:00-04:00" > 20/04/2026 00:00 | Actualizado a 20/04/2026 00:00 Todos los países atraviesan, en uno u otro momento, por situaciones que definen en gran medida el curso futuro de sus economías.
Todos los países atraviesan, en uno u otro momento, por situaciones que definen en gran medida el curso futuro de sus economías. No podrían entenderse, por ejemplo, las características económicas del Japón actual sin comprender la transformación provocada por el desenlace de la segunda guerra mundial, o el giro capitalista autoritario de China sin ponderar la reacción a la revolución cultural y sus desastrosos resultados sobre el nivel de vida de la población.
La economía dominicana ha sido también moldeada por varios acontecimientos y procesos críticos, siendo uno de ellos el destino del conglomerado de empresas que el Estado recibió a principios de la década de los sesenta el siglo pasado. En ese momento tuvo lugar una aparente estatización, aunque en realidad la frontera entre lo público y privado era difusa en tiempos de la dictadura, dada la confluencia e identificación de los asuntos gubernamentales con los intereses de los gobernantes.
Dentro de ese conjunto de propiedades que el Estado recibió figuraba un impresionante abanico de compañías que abarcaban casi todos los sectores económicos fundamentales que existían en esa época. Comercios, aceites comestibles, cemento, azúcar, carga marítima, transporte aéreo, fincas, tabaco, papel, electricidad, envases de vidrio, hoteles, sal, sacos, pinturas, seguros, banca, harina, armamento, radiodifusión, televisión, distribución de vehículos y periódicos formaban parte de esas compañías. Pero fue lo que sucedió después lo que marcó la evolución de nuestra economía.
La subsiguiente privatización del conglomerado no se llevó a cabo de forma ordenada en función de un plan preestablecido y públicamente debatido. Ni ocurrió tampoco mediante un programa de venta a inversionistas a precios de mercado. Cada caso tuvo características peculiares, en ocasiones vía la pérdida del control accionario mayoritario y, más frecuentemente, por el descuido gerencial, el deterioro de las instalaciones, la descapitalización y la dispersión de los activos. Una tras otra, esas empresas fueron colapsando, algunas por carecer de viabilidad financiera en ausencia de privilegios monopólicos, en tanto que otras cayeron gradualmente, a medida que competidores y nuevas compañías privadas iban absorbiendo sus mercados, tierras, licencias, equipos y personal calificado, a veces con la participación activa de funcionarios gubernamentales.
La opinión respecto a dicho conjunto de empresas no es unánime. Hay quienes lamentan su desaparición, mientras otros consideran inapropiada la injerencia estatal en tales clases de negocios. De todos modos, varios de los rasgos de nuestra economía actual, incluyendo su estructura fiscal, muestran señales derivadas de ese gran traspaso y liquidación de propiedades.
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