
Tras el fallo del Tribunal Supremo de Estados Unidos contra los aranceles de Donald Trump, en Washington ya se discute una cifra que cambia el tablero: más de 175.000 millones de dólares en impuestos aduaneros cobrados podrían quedar expuestos a reembolsos. No es solo un dato contable. En la Casa Blanca se interpreta como un pasivo potencial que amenaza una pieza central del relato económico del presidente: los aranceles como instrumento de presión y, al mismo tiempo, como una 'caja' para financiar prioridades sin pasar por el Congreso.El detonante fue la sentencia del viernes, por 6-3, que concluyó que el presidente se excedió al invocar una ley de emergencia comercial para imponer gravámenes de alcance global. El alto tribunal devolvió el caso al Tribunal de Comercio Internacional para que determine los siguientes pasos. Ese movimiento procesal, más que el titular político, es lo que se lee en los pasillos como el pistoletazo de salida: el escenario de una avalancha de reclamaciones administrativas y litigios en busca de devoluciones.El cálculo del dinero «en riesgo» lo puso sobre la mesa el Penn-Wharton Budget Model (PWBM) a petición de Reuters. Su estimación supera los 175.000 millones en recaudación sujeta a posibles reembolsos tras el varapalo judicial. La cifra no nace de un argumento partidista, sino de un modelo que cruza tipos arancelarios por producto y país con datos de importaciones: cuánto se importó, con qué gravamen, desde dónde y durante cuánto tiempo.Noticia relacionada general No No Freno a los aranceles de Trump: claves de su derrota más amarga Javier AnsorenaPWBM explicó que su herramienta, diseñada para previsiones de ingresos a largo plazo, utiliza datos del Censo sobre unas 11.000 categorías de productos basadas en códigos arancelarios y operaciones desde 233 países. Con ese cruce, concluyó que los aranceles amparados en la ley de emergencia estaban generando alrededor de 500 millones de dólares diarios. A partir de ahí, estimó 175.000 millones de dólares en ingresos acumulados hasta el jueves anterior al fallo, desde que Trump empezó a activar ese paraguas legal en febrero de 2025.El esquema arancelario del segundo mandato mezcló un arancel base del 10% sobre la mayoría de importaciones dentro del paquete de «aranceles recíprocos» con tipos superiores para países con mayores desequilibrios comerciales. El suelo era común, pero la arquitectura estaba diseñada para escalar con rapidez según el país y, sobre todo, según el pulso político.Según PWBM, los aranceles amparados en la ley de emergencia estaban generando alrededor de 500 millones de dólares diarios.En el caso de la Unión Europea, el punto de partida era ese 10%, con un marco posterior que fijaba un 15% en sectores como automóviles, farmacéuticos y semiconductores, mientras se mantenían gravámenes sectoriales del 50% sobre acero y aluminio. China afrontó los tipos más elevados: arrancó en el 10%, subió al 20% y, en el tramo recíproco, alcanzó niveles mucho más altos tras sucesivas escaladas. Canadá y México quedaron sujetos a un 25% en el bloque vinculado a seguridad y tráfico de drogas, además de medidas sectoriales específicas. El sistema, en suma, era un mecanismo de presión adaptable: mismo arranque, distintas velocidades.Incertidumbre fiscalEl problema político para Trump es que llevaba meses presentando los aranceles como palanca diplomática y como fuente de ingresos. La Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) situó la recaudación de todos los aranceles de Trump en torno a 300.000 millones de dólares anuales, en promedio, a lo largo de la próxima década. Ese marco convierte la sentencia en algo más que una derrota jurídica: si una porción sustancial de la recaudación queda expuesta a devoluciones, la narrativa del «arancel como caja» se vuelve frágil y entra en terreno de incertidumbre fiscal.La Casa Blanca reaccionó con rapidez para evitar que el fallo se leyera como el final de la ofensiva. Trump sustituyó el viernes los aranceles basados en la ley de emergencias por un arancel global temporal del 10% durante 150 días, mientras impulsa investigaciones comerciales bajo otras leyes más consolidadas para sostener la presión sobre socios y rivales. El movimiento persigue dos objetivos a la vez: mantener la iniciativa política y evitar un agujero inmediato en la recaudación. El sábado Trump aumentó ese porcentaje al 15%.Trump sustituyó el viernes los aranceles basados en la ley de emergencias por un arancel global temporal del 10%, que el sábado subió al 15%Desde el Tesoro, Scott Bessent trató de proyectar calma. En enero afirmó que el Departamento puede cubrir devoluciones de aranceles. Y el viernes defendió que el cambio de instrumentos permitiría mantener ingresos arancelarios «prácticamente sin cambios» en 2026. Para sostener esa idea, la Administración apunta a los planes de endeudamiento del Tesoro, que contemplan saldos de caja elevados: 850.000 millones de dólares a finales de marzo y 900.000 millones a finales de junio.El Tesoro viene informando de aumentos fuertes en ingresos aduaneros en los últimos meses, alrededor de 20.000 millones de dólares más al mes frente a periodos comparables previos a los nuevos gravámenes, y unos 27.700 millones de dólares de ingresos aduaneros totales en enero. Pero el golpe del Supremo introduce un factor nuevo: parte de ese salto puede convertirse en búmeran si el tribunal especializado abre el carril de los reembolsos y las empresas lo recorren.

