La entrada de los hutíes de Yemen en el conflicto del lado de Irán no solo amplía el alcance militar de la crisis, sino que sitúa en el centro del tablero uno de los puntos más sensibles del comercio mundial: el estrecho de Bab al Mandeb, clave para el tránsito energético hacia Europa.
La milicia hutí anunció este sábado su participación activa en la guerra con el lanzamiento de su primer misil contra Israel desde el inicio de la escalada hace un mes. El ataque, dirigido contra objetivos militares en el sur del país, fue en parte interceptado por el sistema defensivo israelí, que activó las alertas en la zona de Beersheba.
Los insurgentes, aliados tradicionales de Teherán, enmarcaron la operación como un acto de apoyo a Irán y al llamado "eje de resistencia", que incluye a grupos en Líbano, Irak y Palestina. "Nuestras operaciones continuarán hasta alcanzar los objetivos declarados", advirtieron, en un mensaje que apunta a una implicación sostenida en el conflicto.
Un actor con capacidad de alterar el equilibrio regionalLos hutíes no son un actor menor. Controlan amplias zonas de Yemen, incluida la capital, Saná, y disponen de misiles balísticos y drones con alcance suficiente para golpear territorio israelí. Además, su posición geográfica les otorga una ventaja estratégica decisiva: dominan la costa del mar Rojo en su tramo sur.

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A. Alamillos
Ese factor convierte a la insurgencia yemení en una pieza clave en la amenaza que se cierne sobre el estrecho de Bab al Mandeb, un corredor marítimo que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y, en última instancia, con el canal de Suez.
Según diversas estimaciones, cerca del 12% del petróleo transportado por vía marítima a nivel mundial pasa por este estrecho, lo que lo convierte en uno de los principales cuellos de botella del comercio global. Cualquier interrupción tendría un impacto inmediato en los mercados energéticos y en las cadenas de suministro internacionales.
El riesgo de un "segundo Ormuz"La preocupación se ha intensificado después de que Irán haya amenazado con controlar o incluso cerrar Bab al Mandeb, utilizando a los hutíes como fuerza proxy sobre el terreno. La estrategia replicaría, en el extremo occidental de la península arábiga, la presión que Teherán ya ejerce en el estrecho de Ormuz, por donde transita una parte aún mayor del crudo mundial.
El encarecimiento de la energía registrado tras las tensiones en Ormuz anticipa el potencial efecto dominó que podría desencadenarse si Bab al Mandeb se ve afectado. Europa sería una de las regiones más expuestas, al depender en gran medida del tráfico marítimo que atraviesa el mar Rojo hacia el canal de Suez.
Ataques en el mar RojoDurante la guerra de Gaza, los hutíes ya llevaron a cabo ataques contra la navegación comercial en el mar Rojo, además de lanzar proyectiles contra Israel. Aquella campaña motivó una respuesta militar de Estados Unidos, que bombardeó posiciones hutíes durante semanas antes de alcanzar un frágil alto el fuego mediado por Omán. Ahora, con el conflicto ampliándose, el movimiento yemení ha dejado claro que está dispuesto a reactivar esa estrategia.
Su líder, Abdul Malik al Huti, ya había advertido días antes de que intervendrían "sin dudar" ante cualquier escalada. El mensaje se ha materializado en forma de misiles, pero también apunta a una posible intensificación de los ataques en el mar Rojo.
La entrada de los hutíes añade una dimensión crítica a la guerra: la del control de los corredores marítimos. Si Ormuz representa la llave del golfo Pérsico, Bab al Mandeb es la puerta de entrada al Mediterráneo a través de Suez.
La combinación de ambos puntos bajo presión simultánea elevaría el conflicto y el comercio global, los precios de la energía y la estabilidad económica internacional podrían verse aún más tocados.
Con Yemen convertido en un nuevo frente activo, la guerra deja de ser únicamente un enfrentamiento regional para transformarse en una amenaza directa a la arquitectura del comercio mundial.
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