En uno de sus últimos escritos, Jorge Luis Borges (1899-1986) imaginó un libro monstruoso, sin principio ni fin, compuesto por un número de páginas “exactamente infinito”. Como en una transitoria evocación de las confusiones entre realidad y ficción que le gustaba alumbrar, sus textos, que desde hace décadas no dejan de publicarse en todo el mundo, parecen remedar a El libro de arena: todavía hoy siguen sumando nuevas páginas.
Seguir leyendo


