“Cada vez que empiezo a escribir una película, siento miedo”, dice Joachim Trier. No lo presenta como una confesión dramática ni como una pose autoral. Lo dice con naturalidad, casi como si estuviera describiendo el clima. “Si no siento ese miedo, entonces sé que algo está mal”. Sentimental Value nace exactamente de ese lugar. No de la seguridad, sino de la duda. No de la claridad, sino de la incomodidad de mirar hacia atrás y descubrir que la familia, incluso con los años, sigue siendo un territorio inestable.
Economía
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