Este artículo fue publicado originalmente en El Día.
La lucha incesante por la búsqueda de fuentes alternativas a la elevada tarifa del petróleo en todos los países es cada vez más imperiosa dada las dificultades mayores, producto de la guerra escenificada en Medio Oriente y la destrucción masiva de las instalaciones de las mayores reservas mundiales en todos los paísesde la zona.
Los efectos, ya comienzan a sentirse esta guerra entre EU-Israel contra Irán tendrá consecuencias devastadoras en los procesos inflacionarios y el sistema de precios de todas las economías y las dificultades financieras que se expresan en el mecanismo ahorro-inversión producto de las variaciones de las tasas de interés bancario.
La elevación del costo de los combustibles fósiles compromete a todos los países a vigilar muy de cerca su comportamiento. Se ha previsto que al año 2100 las temperaturas mundiales se aproximen 3-4 grados centígrados por encima de la era preindustrial con el riesgo de que el calentamiento y la inestabilidad climática empeoren todavía más.
Los países se comprometieron mediante el “Acuerdo de París” que es un tratado internacional jurídicamente vinculante sobre el cambio climático, adoptado en 2015 por 196 partes en la COP21. Su objetivo principal es limitar el calentamiento global muy por debajo de 2°C, preferiblemente a 1,5°C, respecto a niveles preindustriales, reduciendo emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).
El dióxido de carbono es por mucho la gran diferencia la principal fuente de gases de efecto invernadero que atrapan el calor del planeta provocando la elevación de temperatura. Las emisiones mundiales de este nocivo gas procedente de la quema de combustibles superan los 30 millones de toneladas métricas anuales y se prevé que se tripliquen para 2100, por el uso de energía especialmente en los países en desarrollo.
Por tipos de combustibles, 44% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono proceden del carbón, 35% de los productos derivados del petróleo y 20% del gas natural.
Por principios económicos sabemos que, subiendo el precio de los combustibles, provocará una serie de cambios de comportamiento en el consumidor. La demanda de energía disminuirá cuando los hogares y las empresas opten por productos y bienes de capital energéticamente más eficientes, que conserven energía al usarlos.
Los países optarán por combustibles más limpios por ejemplo gas natural para generar electricidad y energía eólica, solar, hidráulica que no producen carbono.
“La planta a gas Manzanillo Power Land en Montecristi, desarrollada por Energía 2000, recién inaugurada es un proyecto termoeléctrico clave de 414 MW. Ubicada en Pepillo Salcedo, utiliza gas natural licuado y cuenta con una unidad flotante de almacenamiento (Energos Freeze), fortaleciendo la estabilidad eléctrica nacional y la matriz energética limpia”.
Dentro de unos años el proceso de tarificar el carbono se hará realidad para que así las empresas adopten energías alternativas descritas anteriormente. Dichos cargos se traducirán en aumento del precio de los combustibles y la electricidad, tal y como discurre en la actualidad.
La tarificación del carbono incrementa el ingreso público que recaerá en las grandes empresas y las del campo minero o extractivas básicamente que representarán una fuente especialmente en estos tiempos de gran tensión fiscal.
Siempre los enfoques regulatorios son complejos desde el punto de vista político, y administrativo ya que implican cambio de precios necesarios para redirigir el cambio tecnológico. Se suele aplicar un impuesto por las emisiones de carbono o un sistema de comercio de derechos de emisión.
Las empresas requerirán de un permiso por tonelada métrica de emisiones y el gobierno restringe las emisiones a un determinado nivel limitando el número de licencias. Cuando esto sucede la tarificación del carbono pasa a formar parte de una reforma fiscal más amplia, los derechos de emisión y los ingresos generados deberán ser autorizados por el Ministerio de Hacienda.
La tarificación a empresas requiere de tres características básicas: 1ero Se deberá optar por el modelo que maximice la cobertura de las emisiones. Pueden imponerse cargos por carbono a los productos derivados de combustible fósiles mediante una fórmula, factor de emisión (toneladas métricas de dióxido de carbono emitidas por unidad de quema de combustible) multiplicado por un precio del dióxido de carbono.
2do. La característica de diseño clave es el precio. Las predicciones generales de los precios generales para cumplir con un promedio basado en las futuras emisiones de dióxido de carbono procedentes del uso de combustibles fósiles durante los próximos cinco o diez años tomando en cuenta la sensibilidad del uso del combustible a una variación de su precio.
3ero. El uso eficiente de los ingresos ya que las empresas y los usuarios de combustibles más gravados. La tarificación del carbono puede basarse en sistemas tributarios más inteligentes y eficientes en lugar de impuestos más elevados.
Casi 40 países disponen o lo aplican a nivel nacional (28 pertenecen al sistema de intercambio de derechos de emisiones de la Unión Europea) y existen más de 20 mecanismos de tarificación a nivel regional o local. Fuente: Banco Mundial 2025.
La publicación La búsqueda de alternativas al alza de los costos de combustibles fósiles apareció primero en El Día.
