
Como señaláramos en la entrega anterior, el mercado inmobiliario dominicano conoce una etapa de notable expansión que se evidencia en el crecimiento de las construcciones y la multiplicación asombrosa de torres y edificios residenciales, todo ello en el contexto del creciente interés que mantiene el capital extranjero junto a miles de dominicanos que ven en ese nicho mercado una de las formas más seguras de inversión y resguardo patrimonial. Lamentablemente, el auge del sector también comienza a mostrar fisuras institucionales, legales y operativas que pueden comprometer seriamente la confianza que lo sostiene.
