
Con largas filas y precios en alza en las estaciones de servicio, los consumidores estadounidenses ya sienten el impacto de la crisis energética desatada por el conflicto entre Estados Unidos, Israel contra Irán. La respuesta de Teherán, con el cierre parcial del estrecho de Ormuz, ha disparado la tensión en los mercados globales de hidrocarburos y amenaza el suministro internacional de gasolina. En paralelo, asociaciones de trabajadores alertan sobre efectos significativos en sectores como el transporte y la agricultura en Estados Unidos.
