Un fósil descubierto por azar en Wyoming revela cómo un pequeño anfibio sobrevivió a sequías letales hace 230 millones de años... y ayudó a revitalizar una lengua indígena.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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En un rincón aparentemente olvidado de Wyoming, un hallazgo accidental ha reescrito lo que sabíamos sobre la vida animal durante el Triásico. Un pequeño cráneo fosilizado, encerrado en una roca del tamaño de un balón de fútbol, ha permitido descubrir a Ninumbeehan dookoodukah, una nueva especie de anfibio prehistórico que usaba una estrategia de supervivencia tan sofisticada como fascinante: se enterraba durante meses para sobrevivir a las estaciones más secas y calurosas del año.
Este hallazgo, descrito en profundidad en un estudio publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B, no solo aporta una nueva especie al registro fósil, sino que también ofrece pistas cruciales sobre cómo algunos animales lograron sobrevivir a los extremos climáticos del pasado. Pero el descubrimiento va más allá de lo biológico: también se ha convertido en una oportunidad para revitalizar una lengua indígena amenazada y construir puentes entre la ciencia y las comunidades originarias.
Una cápsula del tiempo enterrada en el barro
La historia comienza de forma casi casual. En 2014, el paleontólogo David Lovelace recogió una roca durante una salida de campo por la formación Jelm, en el centro-oeste de Wyoming. El lugar no prometía mucho. Durante décadas, los geólogos lo habían considerado un terreno pobre en fósiles. Sin embargo, al partir la roca en su laboratorio, Lovelace descubrió algo extraordinario: un cráneo diminuto con dientes afilados, incrustado en lo que parecía ser un antiguo túnel de barro solidificado.
Ese túnel resultó ser una madriguera fosilizada. Y no estaba solo. Lo que inicialmente parecía un hallazgo aislado se convirtió pronto en una red de más de 80 madrigueras distribuidas por la zona, muchas de ellas con restos óseos de una criatura hasta entonces desconocida. La combinación de análisis geológicos, escaneos con tomografía computarizada y trabajo de campo permitió reconstruir la morfología del animal, estimando que medía unos 30 centímetros y tenía un cráneo en forma de pala. No usaba sus patas para cavar, sino la cabeza, como una cuchara viviente.

La estrategia del letargo
Los investigadores pronto se dieron cuenta de que no estaban solo ante una especie nueva, sino también ante un comportamiento ancestral documentado de forma inusual: la estivación. A diferencia de la hibernación, que protege del frío, la estivación es una adaptación para sobrevivir a largos periodos de sequía o calor extremo. Ninumbeehan dookoodukah se enterraba profundamente en los lechos de antiguos ríos y reducía su metabolismo durante los meses más áridos del año, esperando el regreso de las lluvias monzónicas.
Estos datos son particularmente relevantes porque el Triásico, hace unos 230 millones de años, fue una época marcada por condiciones climáticas extremas. En las latitudes ecuatoriales del supercontinente Pangea, las estaciones estaban dominadas por los llamados megamonzones: largos periodos de intensas lluvias seguidos por meses de sequía letal. Para un anfibio, cuya piel debe mantenerse húmeda para respirar, esto representaba un desafío casi insuperable.
Hasta ahora, la evidencia directa de que los vertebrados del Triásico paleoequatorial desarrollaran adaptaciones conductuales a estos extremos era escasa. Este nuevo fósil cambia eso: no solo muestra un comportamiento, sino también una forma de vida completa.

Una criatura con nombre y alma Shoshone
Pero la historia de Ninumbeehan dookoodukah no es solo una historia de ciencia. Es también una historia de memoria, lengua y comunidad. Como los fósiles fueron hallados en tierras ancestrales del pueblo shoshone, los investigadores decidieron colaborar directamente con esta comunidad para dar nombre a la nueva especie.
El resultado fue un proceso intergeneracional y profundamente simbólico. Estudiantes de secundaria de la escuela Fort Washakie, junto con profesores y ancianos de la comunidad, trabajaron para encontrar un nombre que reflejara tanto la criatura como su relación con el territorio. Así nació Ninumbeehan dookoodukah, que en lengua shoshone significa “el devorador de carne de los Pequeños Espíritus”.
Según la tradición oral shoshone, los “Ninumbee” son seres espirituales, habitantes de las montañas, que han estado presentes desde tiempos inmemoriales. Vincular a este antiguo anfibio con esas figuras míticas no solo le otorga un contexto cultural, sino que también permite que la lengua shoshone —gravemente amenazada— se proyecte en la ciencia moderna.
Más allá de la curiosidad paleontológica y del valor simbólico, el descubrimiento tiene implicaciones contemporáneas. Hoy, los anfibios están entre los grupos de vertebrados más amenazados del planeta. El cambio climático, la pérdida de hábitats y la contaminación están provocando un declive global en sus poblaciones.
Los investigadores creen que entender cómo especies ancestrales respondieron a condiciones climáticas extremas puede ofrecer pistas para prever la resiliencia de los anfibios actuales. Si algunas especies modernas mantienen mecanismos de estivación similares, podrían tener una ventaja frente a escenarios de sequía prolongada y olas de calor cada vez más frecuentes.

Un fósil, muchas historias
Desde su hallazgo, la colaboración entre paleontólogos y comunidades indígenas ha demostrado que otra forma de hacer ciencia es posible: una ciencia con raíces, con memoria y con respeto.
En un tiempo donde los discursos sobre la extinción, el colapso ambiental y la pérdida cultural parecen dominarlo todo, el hallazgo de Ninumbeehan dookoodukah ofrece algo más valioso: una historia de supervivencia, de colaboración y de esperanza enterrada en el barro de un río de hace 230 millones de años.
Referencias
- Calvin So, Aaron M. Kufner, Jason D. Pardo, Caian L. Edwards, Brandon R. Price, Joseph J. Bevitt, Amanda LeClair-Diaz, Lynette St. Clair, Josh Mann, Reba Teran, David M. Lovelace; Fossil amphibian offers insights into the interplay between monsoons and amphibian evolution in palaeoequatorial Late Triassic systems. Proc Biol Sci 1 October 2024; 291 (2033): 20241041. DOI: 10.1098/rspb.2024.1041


