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"Análisis de relevancia para la actualidad."
- Sin embargo, la palabra clave es "circunstancial".
La siguiente conversaci�n fue grabada en el Despacho Oval hace aproximadamente 55 abriles. Richard Nixonautoriza a su enviado Henry Kissinger a llevar un mensaje a los norvietnamitas, con quienes Estados Unidos est� en guerra. El mensaje es que el jefe de Kissinger est� desequilibrado.
Nixon: Puedes decir: "No puedo controlarlo". P�nselo as�.
Kissinger: S�. E insinuar que podr�as usar armas nucleares.
Nixon: S�, se�or.
El asesor del presidente, H. R. Haldeman, record� en sus memorias otra conversaci�n con el mismo prop�sito. Y as� se afianz� la Teor�a del Loco: que proferir amenazas extremas puede llevar a los oponentes a la mesa de negociaci�n. Donald Trump la practicaba casi expl�citamente incluso en su primer mandato. A medida que la guerra con Ir�n oscila entre la confrontaci�n apocal�ptica y la calma, hay razones para pensar que la t�ctica tendr� a�n menos �xito en el contexto actual que entonces.
Para empezar, Nixon hac�a sus amenazas a trav�s de canales privados. Si decidiera retractarse, no quedar�a en rid�culo ante el mundo entero. En cambio, las amenazas de Trump de borrar toda una civilizaci�n dif�cilmente podr�an ser m�s p�blicas. La presi�n para que las cumpla en alg�n momento es, por consiguiente, mayor. Podr�a intensificarse tras su acuerdo de alto el fuego condicional con Ir�n el martes de TACO (perd�n, el 7 de abril). Por eso se juega mejor a echar faroles a puerta cerrada.
Otra diferencia es que Vietnam a mediados del siglo XX no era fundamental para la econom�a mundial. Ir�n a principios del siglo XXI, sin duda, lo es. Si unas pocas semanas de bombardeos pueden desencadenar la peor crisis energ�tica en medio siglo, una escalada "demente" podr�a convertir la inflaci�n del precio del petr�leo en una escasez directa. Ya existen da�os en la infraestructura que, seg�n teme la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, tardar�n a�os en repararse. Y nada de esto aborda el probable �xodo de refugiados en el caso de que Ir�n se convierta en un Estado fallido.
Este suele ser el complejidad de la estrategia del loco. La amenaza es demasiado extrema para ser del todo cre�ble. Por otro lado, si se lleva a cabo, entonces, por definici�n, la estrategia habr� fracasado.
Hay algo m�s que Trump deber�a haber aprendido de la experiencia de Nixon: la opini�n p�blica importa. Amenazar con tal circunstancia, y mucho menos llevarla a cabo, alienar�a a la opini�n p�blica, tanto nacional como internacional. Si Nixon hubiera utilizado armas nucleares en una guerra de elecci�n, las ya vehementes protestas contra la guerra en el pa�s podr�an haber desembocado en una ruptura social total. Los aliados se habr�an replegado. El bloque comunista habr�a obtenido la ventaja de la superioridad moral.
De igual modo, Trump no puede permitir que una guerra que en el contexto actual cuenta con el apoyo del 34% de los estadounidenses se vuelva mucho m�s violenta. Las autocracias pueden interpretar la pol�tica interna de las democracias. As� como Vietnam del Norte detect� y aprovech� las divisiones de Estados Unidos respecto a la guerra, tambi�n podr�a hacerlo Ir�n. (Las democracias tienen una visi�n mucho m�s limitada de la opini�n p�blica en sociedades cerradas). Tampoco puede Trump ignorar a los pa�ses aliados, como reconoce t�citamente cada vez que los reprende por no ayudar a asegurar el estrecho de Ormuz.
Tenemos que remontarnos al siglo pasado para encontrar la �ltima guerra liderada por Estados Unidos que fue inequ�vocamente exitosa. Los fracasos posteriores se debieron en parte a la falta de apoyo nacional e internacional suficiente para sostener la magnitud de la fuerza requerida, por ejemplo, en Irak. En otras palabras, existe una justificaci�n operativa para actuar de forma atractiva, no s�lo una justificaci�n moral. No se puede, sea cual sea el dicho del MAGA, "simplemente hacer cosas".
�C�mo responder�a un te�rico de la locura? �Cu�l es el argumento m�s s�lido para demostrar que un liderazgo err�tico funciona?
Bueno, Trump es el �nico presidente estadounidense elegido en este siglo bajo cuyo mandato Rusia no ha lanzado una invasi�n extranjera. Vladimir Putin atac� Georgia durante el mandato de George W. Bush, Crimea durante el de Barack Obama y toda Ucrania durante el de Joe Biden. El tama�o de la muestra es lo suficientemente peque�o como para sugerir que no es m�s que una coincidencia. Pero un defensor de Trump podr�a construir un caso circunstancial que demuestre que sus "peores" rasgos —la agresividad, la amoralidad— act�an como elementos disuasorios. Ning�n Estado quiere poner a prueba a un hombre que podr�a responder con una fuerza s�dica.
De igual modo, la postura nuclear de Ronald Reagan en la d�cada de 1980 parec�a inconcebible en aquel entonces. Antes de que terminara la d�cada, los sovi�ticos se hab�an plegado casi sin disparar un solo tiro.
Sin embargo, la palabra clave es "circunstancial". Buena suerte para establecer una relaci�n de causa y efecto con mucha seguridad en este caso. Qu� base probatoria tan endeble sobre la que sustentar una forma de gobierno tan arriesgada.
Lo sorprendente es que la Teor�a del Loco todav�a se discuta con seriedad. Nixon la practic� lo mejor que pudo —trabajando en secreto, amenazando a un pa�s de escasa relevancia mundial— y aun as� no logr� pr�cticamente nada. Al descontrolarse, bombardeando Camboya y Laos, mancill� la imagen de Estados Unidos m�s de lo que oblig� a la otra parte a hacer concesiones.
Existe una desesperaci�n por ver astucia y previsi�n en el comportamiento m�s temerario de Trump. Esto ha distorsionado los mercados financieros, que fueron demasiado optimistas al comienzo de la guerra y, en opini�n de Lagarde, a�n lo son. Si algo bueno puede surgir del caos actual, podr�a ser un nuevo realismo sobre el l�der estadounidense. Incluso si Trump tiene una estrategia que pueda calificarse de Teor�a del Loco, eso no significa que sea buena. S�lo significa que hace una interpretaci�n extra�a del pasado. Cuatro a�os despu�s de la conversaci�n en el Despacho Oval entre Nixon y Kissinger, los norvietnamitas tomaron Saig�n. De las 58.220 muertes estadounidenses en la guerra, m�s de 20.000 ocurrieron bajo el mando de esta brillante pareja.
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