
La violencia digital se ha convertido en una dimensión cada vez más visible, y al mismo tiempo silenciosa, de las relaciones de control y vigilancia dentro de la pareja. Según datos de una reciente encuesta de Kaspersky, 1 de cada 5 mujeres en América Latina ha descubierto que una aplicación de monitoreo fue instalada en su celular, lo que evidencia cómo ciertas herramientas tecnológicas pueden utilizarse para supervisar, seguir o limitar la vida cotidiana de las víctimas sin su consentimiento.