Las series de culto siempre parecen más satisfactorias en la mitad que en su final”. Es fácil encontrar ejemplos para la reflexión que en 2011 publicó en su web Pop Junctions el académico estadounidense Henry Jenkins, profesor de Comunicación, Periodismo y Artes Cinematográficas en la Universidad del Sur de California y conocido por sus estudios sobre la cultura participativa y el poder de los fans. Cuando Los Soprano terminó el 10 de junio de 2007, la web de HBO colapsó por la avalancha de visitas de seguidores de la serie que buscaban respuestas o querían quejarse por lo que acababan de ver. El desconcierto provocado por el final que el guionista David Chase había elegido para su obra magna hizo que miles de personas se levantaran del sofá para comprobar si su receptor de la televisión de cable se había estropeado, tras lo que muchos llamaron para pedir una devolución de su cuota mensual o darse de baja de la cadena de pago. Fue tema de conversación nacional y abrió los periódicos al día siguiente. Incluso circuló la teoría de que la edición en DVD de la serie incluiría el verdadero final, cosa que, evidentemente, no sucedió. Chase dio orden a su equipo de no responder preguntas sobre el episodio, y aún hoy se siguen publicando artículos que prometen explicaciones.
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