L. Cano |
Madrid (La Razón). A simple vista, caminar parece un acto tan automático como respirar o parpadear. Pero ese gesto cotidiano podría convertirse en una herramienta diagnóstica para ayudar a detectar enfermedades neurológicas en sus fases más tempranas.
Es el resultado de un nuevo estudio de la Universidad de Waterloo (Canadá), que sugiere que la forma en la que una persona camina puede ayudar a distinguir entre dos trastornos que suelen confundirse: la demencia con cuerpos de Lewy y la enfermedad de Parkinson.
En este contexto, los investigadores canadienses han encontrado una pista sorprendentemente sencilla, que pasaría por medir cómo caminan los pacientes. Los científicos analizaron patrones de velocidad, longitud de los pasos y ritmo al andar.
Según el estudio publicado en la revista científica Gait & Posture, las personas con demencia con cuerpos de Lewy en fase inicial tienden a caminar más despacio, con pasos más cortos y con un ritmo menos constante que quienes padecen Parkinson en sus primeras fases.
Matiz importante
Pero hay un matiz importante. Estas diferencias no siempre son evidentes cuando la persona camina de forma normal, sin distracciones. Es cuando el cerebro tiene que hacer “malabares” (por ejemplo, caminar mientras se cuenta hacia atrás) cuando las señales se vuelven más claras.
Como si el sistema nervioso, al dividir su atención, dejara al descubierto pequeños errores que de otro modo pasarían desapercibidos.
Patrones de paso
“Comparar los patrones de paso nos permitió comprobar que el comportamiento al caminar puede ayudar a distinguir ambas enfermedades”, explica la investigadora principal, la profesora Kaylena Ehgoetz Martens.
“Esto es especialmente relevante porque, en fases tempranas, ambas condiciones se parecen mucho y pueden llevar a diagnósticos incorrectos”.

La clave está en lo que los científicos llaman “carga cognitiva”, es decir, la cantidad de esfuerzo mental que requiere una tarea. Caminar, aunque parezca sencillo, implica una coordinación compleja entre el cerebro y el cuerpo. Cuando se añade una segunda tarea, como contar hacia atrás, esa coordinación se vuelve más exigente.
Diferencias
Es entonces cuando las diferencias entre enfermedades emergen con mayor claridad.
Este hallazgo abre la puerta a una herramienta diagnóstica accesible y de bajo coste. A diferencia de otras pruebas más complejas o invasivas, evaluar la marcha puede realizarse fácilmente en una consulta clínica, sin necesidad de tecnología sofisticada, y permite detectar señales en etapas muy tempranas.
En enfermedades neurodegenerativas, donde el tiempo juega en contra, un diagnóstico precoz permite ajustar tratamientos, manejar mejor los síntomas y ofrecer una orientación más clara a quienes cuidan de los pacientes.
Ampliar estudios
Los investigadores planean ahora ampliar su trabajo a otras enfermedades y estudiar también a personas que aún no presentan síntomas, pero tienen mayor riesgo de desarrollarlos. El objetivo es adelantarse todavía más y detectar cambios antes de que la enfermedad se manifieste plenamente.



