
En muchos ateneos, clubes, centros cívicos… se juega a la Botifarra o se dan cursos de iniciación a este juego de cartas. Pero en Platja d’Aro, un grupo de amigos con buen humor ha querido dar mayor empaque a la cosa y ha fundado la Universitat de la Botifarra. Cuando llamé para ir a verlos me atendió el “secretario académico”, Jordi Armengol. Platja d’Aro es la primera facultad de esta singular universidad que, gracias a otras gentes, ya tiene planes para expandir su campus. En Sant Feliu de Guíxols abrirá la segunda. De allí es la rectora, Txell Roca. En esta jocosa emulación académica no se canta el Gaudeamus igitur ni se visten birretes. Lo que hay es el deseo de fomentar la Botifarra. “Y para conseguirlo había que hacerlo divertido”, comenta Armengol. “La Botifarra se juega, menos que antes, en casinos y bares, pero no es un juego de la familia. Hay que reintroducirlo”.
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