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"Análisis de relevancia para la actualidad."
- Hoy se conmemora el 90° aniversario del nacimiento de Alejandra Pizarnik , la poeta de Avellaneda que conmovió a generaciones de lectores y sigue cautivando a quienes se acercan a su literatura.
Flora Alejandra Pizarnik nació el 29 de abril 1936 y murió el 25 de septiembre de 1972, a los 36 años. Estudió en la Escuela Normal Mixta de Avellaneda y se recibió en 1953; comenzó a estudiar Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires y pintura con artista surrealista Juan Batlle Planas. Entre 1960 y 1964 vivió en París; tradujo a autores como Aimé Césaire, Antonin Artaud y Henri Michaux con los que su obra -una de las más originales de la lírica en lengua española- establece un linaje.
Esta tarde a partir de las 17, en Avellaneda se hará un recorrido performático por los lugares que recuerdan a la escritora en el casco histórico. El punto de encuentro es San Martín 797.
A la coprotagonista de "Un poeta" le gustan los poemas de Alejandra Pizarnik
En la aclamada película colombiana Un poeta, de Simón Mesa Soto, que se puede ver en la plataforma HBO Max, se rinde homenaje a la autora de Árbol de Diana, cuando la joven poeta Yurlady, que vive en un barrio popular de Medellín, le dice a su profesor, Oscar Restrepo, que le gustan los poemas de Pizarnik (lo que detona un discurso encomiástico del protagonista).
Hoy, las redes sociales no se olvidaron de la poeta. Desde la cuenta de la Biblioteca Nacional del Congreso hasta la del Ministerio de Cultura porteño, pasando por la del Canal History de Brasil y las de escritores como Alina Diaconú, Jimena Arnolfi y Daniel Mecca, se recordó a Pizarnik.
César Aira sobre Alejandra Pizarnik, en una edición con fotografías de Lucrecia Plat
“Pasa el tiempo y nos sigue hablando; jamás estamos sin Alejandra, cada vez estamos más con ella. Como me manifestó su amigo Fernando Noy: ‘Alejandra Pizarnik de manera constante es mañana’“, postéo Arnolfi en su cuenta de Instagram. “Las fuerzas del lenguaje son las damas solitarias, desoladas, que cantan a través de mi voz que escucho a lo lejos. Y lejos, en la negra arena, yace una niña densa de música ancestral. ¿Dónde la verdadera muerte? He querido iluminarme a la luz de mi falta de luz. Los ramos se mueren en la memoria. La yacente anida en mí con su máscara de loba. La que no pudo más e imploró llamas y ardimos”, se lee en “Fragmentos para dominar el silencio”.
Recientemente, la editorial Seré Breve, de los poetas Eduardo Aibinder y Darío Rojo, reeditó el ensayo Alejandra Pizarnik. Un retrato ($ 26.000), de César Aira (amigo y admirador de Pizarnik), basado en las conferencias que dio en el Centro Cultural Ricardo Rojas tres décadas atrás y que relativizan las lecturas “sentimentales” de la obra pizarnikiana. “Cuando A. P. empezó a escribir, en los años cincuenta, al Surrealismo todos lo daban por muerto […]. Era natural que una poeta formada como ella en el gusto surrealista instrumentalizara el procedimiento de la escuela muerta, como quien usa el reloj de un pariente difunto”, grafica Aira.
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