
En muchas organizaciones, el sentido de pertenencia aún se percibe como un valor cultural deseable, pero no necesariamente crítico.
Sin embargo, cuando una persona se siente vista, escuchada y valorada, no necesita ser, empujada, a dar lo mejor de sí, simplemente lo hace.
Equipos donde las voces cuentan toman mejores decisiones, colaboran con mayor apertura y sostienen el desempeño en el tiempo, porque existe confianza. En cambio, cuando las personas cumplen con lo que tienen que hacer, y no aportan ni se involucran, es ahí es donde se pierde valor.
El sentido de pertenencia se refleja en lo cotidiano: quién habla, quién no; a quién se le escucha y cómo reaccionan los líderes ante ideas distintas.
Invitar intencionalmente a quienes no suelen participar es una decisión que impacta en la estrategia, porque muchas veces las mejores ideas no están en quienes más hablan, sino en quienes aún no han sido escuchados y las organizaciones que comprenden esto dejan de ver la cultura como un discurso y comienzan a gestionarla como un sistema y es en ese sistema donde el sentido de pertenencia deja de ser un ideal y se convierte en una ventaja competitiva.
Por Belma Polonia González
La entrada El sentido de pertenencia se publicó primero en El Nuevo Diario (República Dominicana).
