Desde el inicio actual de la gestión del gobierno de Javier Milei, el talentoso escenógrafo y arquitecto Alberto Negrin asumió la dirección del Centro Cultural Borges, el que ocupa diversos pisos del maravilloso edificio histórico de las Galerías Pacífico. Quien lo convocó fue Leonardo Cifelli, el actual secretario de Cultura de la Nación. Cuando el funcionario le ofreció el cargo, rechazó la propuesta. Recién ante la tercera insistencia fue cuando aceptó. A más de dos años de esta nueva etapa como gestor cultural reconoce que cada vez que llega al Borges lo hace sumamente entusiasmado aunque, al salir, quede un poco cansado. Gajes del oficio.

La semana pasada el centro cultural hizo su presentación de la temporada 2026 en la que se perfilaron las diversas programaciones para artes visuales, música y cine. En materia escénica, hay un amplio abanico que va desde obras de teatro de texto a performances, propuestas coreográficas y montajes de cruces de lenguaje. En diversos espacios, se estrenarán 10 títulos a lo largo del año en una clara apuesta a que el Centro Cultural Borges se convierta en una usina generadora de propuestas y no solamente un espacio para programar obras ya estrenadas. De hecho, se abrirá este año. el laboratorio, cuyas áreas estarán coordinadas por la compositora Guillermina Etkin, la escritora Gabriela Bejerman y el director escénico y dramaturgo Lisandro Rodríguez para que, como resultante de ese cruce, estén dadas las condiciones para que se genere un título nacido y criado en el mismo Borges.

A contramano de otros indicadores, el Borges tuvo una actualización presupuestaria para este año del 30 por ciento. Durante 2025, los fines de semana circulan por los diferentes pisos y sus salas entre 6000 y 7000 personas. En total, lo transitaron 282.000 personas con picos de audiencia en tiempos de las vacaciones de invierno. Durante esos días se realizaron actividades con horarios escalonados aprovechando la afluencia turística que ingresa a las Galerías Pacífico. Imposible determinar las preferencias ya que la lógica arquitectónica del lugar hace que, por ejemplo, el espectador que aguarda para ingresar a la sala Infinito, uno de los nuevos espacios creados durante la gestión de Negrín dedicado fuertemente a experiencias performáticas, lo hace en una de las salas pensadas para las artes visuales. O llegar hasta allí ya implica haber pasado por otras. Si en otros momentos la mayor parte de sus visitantes lo hacía ingresando por la puerta central de shopping sobre la peatonal Lavalle, ahora el público lo hace por la entrada de San Martín y Lavalle, la puerta más directa al centro cultural.
“La idea es que la gente no venga simplemente a ver teatro por un lado o danza, por otro; sino que esos lenguajes se encuentren, se mezclen y se potencien entre sí. Ese cruce enriquece la experiencia, multiplica los estímulos y abre la puerta a que el público descubra nuevos artistas y formas de creación. Intentamos romper los límites tradicionales de cada disciplina para proponer experiencias más abiertas, híbridas y contemporáneas”, afirmó Negrin durante la presentación que contó con la presencia de los curadores de cada área.

“La franja generacional de nuestro público -comenta a LA NACION Negrín junto a Mariangeles Zamblera, coordinadora de producción- es sumamente variada. La presencia también de un espectador de edad avanzada hizo que las propuestas de cine programadas para los domingos comenzaran más temprano. O que las funciones de las obras de teatro o performances que los mismos domingos se presentaban a las 20 las pasáramos a las 17. Es que salir a pleno microcentro a la noche en donde hay poco movimiento no cerraba del todo”. Así como durante su gestión curatorial se fueron ajustando estas cuestiones, se fueron agregando espacios.

En el impreciso y atractivo mapa de lo escénico a las salas Astor Piazzolla y Mercedes Sosa se le sumó Espacio Infinito. Este era un depósito y oficinas. Ante la llegada de Negrin, se tiraron las paredes de durlock y esa esquina con mágicas visuales de la avenida Córdoba y Florida pasó a ser un lugar clave de la experimentación escénica y del cruce artístico.
Para este año, está previsto la llegada de varios títulos nacidos en la escena alternativa y de obras de pequeño formato estrenadas en el vecino Teatro Nacional Cervantes. De hecho, siempre con entrada gratuita, dato no menor; actualmente en la sala Astor Piazzolla se está presentando En mitad de tanto fuego, con Victorio D’Alessandro dirigido por Alejandro Tantanian. En ese mismo espacio próximamente Silvina Sabater y Horacio Acosta protagonizarán la obra Nido de lagarto y Osmar Núnez hará Con Federico. Allí mismo, Rafael Spregelburd estrenará Diego Armando Prometeo, pieza creada en Nápoles y que se presentará por primera vez en nuestro país. El reconocido actor, director y dramaturgo estará acompañado por el músico Nicolás Varchausky.
En la sala Mercedes Sosa, en la que en estos momentos se presenta Yo, Fedra, con Ingrid Pelicori. Se presentarán propuestas de Lorena Romanín, Esteban Meloni y María Figueras. Allí mismo se estrenará Una mujer desaparece, la obra que protagonizará Muriel Santa Ana basada en un texto de Juan Francisco Dasso.
Durante la charla con LA NACION, Negrin repara en cómo gestionó la llegada de la talentosa actriz al Borges. “Como creativo me habían llamado para sumarme esa propuesta a estrenar en la Avenida Corrientes -cuenta-. Como contrapartida les propuse traer la obra acá apartándome yo del proyecto, claro. Vino Muriel, se entusiasmó con la sala, con el perfil de programación y decidió estrenarlo en el Borges. Después del mes de función seguramente esa obra pase a otro circuito, pero presentarlo de manera gratuita en un espacio al cual viene mucho público atraído por un buen boca a boca es un buen punto de inicio para cualquier espectáculo”.
En la sala Espacio Infinito, en donde actualmente Carlos Casella y Alejandra Radano están presentando TESTEЯ. Tu sonido es una canción; los próximos meses quienes habitarán ese lugar serán propuestas coreográficas de Pablo Rotemberg, Mayra Bonard y de la gran Margarita Bali. Más adelante se presentarán montajes de Miguel Valdivieso, de Ignacio Bartolomé, del Grupo Besa y un trabajo operístico a cargo de los artistas visuales Lux Lindner y Augusto Zanela.
En septiembre, comenzará el nuevo ciclo denominado Foco que reparará en las producciones escénicas ya estrenadas de los talentosos creadores Toto Castiñeiras y Guillermo Cacace que se complementará con conferencias, muestras de sus respectivos archivos, talleres y conversatorios con artistas invitados para reflexionar sobre sus búsquedas y el estreno de dos nuevos trabajos de estos reconocidos creadores.
“Con ciclos como Laboratorio y Experimenta damos un signo de nuestro perfil curatorial. Fue algo que fuimos descubriendo y lo empezamos a desarrollar fuertemente en esta sala, Espacio Infinito, en la cual estamos programando obras claramente corridas de ciertos registros establecidos. Nos fuimos dando cuenta que hay un público que está ávido de este tipo de propuestas a la que asisten espectadores conocedores del tema”, asegura Zamblera.
Un punto destacado en el recorrido del Centro Cultura Borges es la plazoleta central del tercer piso. Antes de la llegada de Negrin, ese espacio octogonal lo aprovechaban los visitantes para asomarse a sus balcones desde donde se tienen visuales únicas del maravilloso edificio. Desde hace dos años, pasó a ser un lugar clave para obras instalativas de gran formato. Fue el que ocupó la artista visual Nicola Costantino en 2024. En junio, la gran reconocida artista volverá al Borges con una muestra titulada Wunderkammer (Cámara de maravillas). Será una experiencia inmersiva, tan en boga en los formatos que se desee, con un fuerte carácter escenográfico y teatral. En el territorio permanente de cruces que define a la programación del Borges también esta propuesta incluirá microperformances sorpresivas que contarán con la presencia de reconocidos artistas como algunas que se anunciarán con anticipación.

En paralelo a todas estas obras escénicas hay otra del orden de lo arquitectónico. Es que en uno de los tantos espacios del Centro Cultural Borges que se expande por 12.000 metros cuadrados en tres niveles se está construyendo lo que será la sede de la Compañía Nacional de Danza Contemporánea, cuyos integrantes actualmente forman parte del espectáculo La revista del Cervantes. “Estamos acondicionando 600 metros cuadrados para todo el elenco, con oficinas como espacios para guardado, que contará con una sala de ensayo -apunta Negrin-. Como tenemos tantas actividades y siempre necesitamos rincones, la misma sala la usaremos para algunas actividades cuando la compañía no esté usando la sala”.
A lo largo de 2026 la laberíntica arquitectura del Centro Cultural Borges con sus diversas escaleras seguirá agrandando espacios. Por lo pronto, acaba de inaugurarse la muestra Difícil decir adiós que puede puede verse en el Pabellón Berni con más de 50 obras (esculturas, pinturas, instalaciones, videoarte y fotografía, y algunas piezas de sitio específico), de 50 artistas nacionales e internacionales,


