En el mundo existen leyes curiosas. Entre todas ellas, hay una llamativa que se aplica en Longyearbyen, la principal ciudad de Svalbard, Noruega. Aunque suene increíble, morir en ese lugar está prohibido por ley.
La historia detrás de esta norma tiene que ver con el clima extremo y un fenómeno natural que desafía a la ciencia. En Longyearbyen, las temperaturas bajo cero son tan intensas que los cuerpos no se descomponen en el cementerio local.
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Esto significa que los virus y bacterias pueden sobrevivir durante décadas, lo que representa un riesgo sanitario para la población.
Por qué se tomó esta decisión extrema
La prohibición de morir en Longyearbyen no es un simple capricho. Todo comenzó en 1917, cuando una epidemia de gripe española azotó la isla y años después, los científicos descubrieron que los cuerpos enterrados seguían albergando el virus. Desde entonces, enterrar a los muertos quedó prohibido y por extensión, morir en la isla también.
Si una persona se encuentra gravemente enferma o en estado terminal, las autoridades la trasladan al continente noruego para que pase allí sus últimos días. De esta manera, buscan evitar que los cuerpos permanezcan en el permafrost y se conviertan en un peligro para la salud pública.

Cómo es vivir en un lugar donde no se puede morir
Longyearbyen es una ciudad de poco más de 2.000 habitantes, ubicada a solo 1.000 kilómetros del Polo Norte. El clima extremo, la oscuridad durante meses y la presencia de osos polares hacen que la vida allí sea todo un desafío. Pero la ley que prohíbe morir es, sin dudas, la que más llama la atención de los visitantes.
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Además de no poder morir, en Longyearbyen tampoco se permite tener gatos (para proteger a las aves locales) y es obligatorio salir armado fuera del pueblo por el riesgo de ataques de osos.


